22 de julio de 1975

Ocho meses antes del nacimiento.

Gracias Dios Divino por tu gran bondad, mira mi cuerpo, en él han desaparecido el peligro y la angustia de perder a mi hijo; los males que ahora me aquejan son a consecuencia de las medicinas tan fuertes que suministraron para evitar el peligro que existía. Sigue mi pobre esposo sufriendo también en las adversidades, ya que como se han presentado tantos mareos y vómitos, y se angustió tanto al ver que nada de alimento se quedaba en mí estómago, fue nuevamente a hablar por teléfono para comunicar a la señora Arenas de mi estado, y dijo que es lo más natural, por ser consecuencia del medicamento tan fuerte que me envió, es por ello que ahora recetó otras inyecciones con el objeto de que, al comer, ya no vuelva el estómago.

20 de julio de 1975

Ocho meses antes del nacimiento.

Todo transcurre felizmente, solo que mi esposo me hizo un pequeño reproche al enterarse de que mis padres y hermanos saben que nos vas a dar un hijo, Señor. Y como el desea también compartir con los suyos su alegría, me hace comprender que también él tiene ese grande deseo de comunicar algo tan grande para nosotros y decide hablarle a mi madrecita y le dice que le informe a su mamá la buena noticia, lo único que le hice notar es que tal noticia no causará en los suyos igual alegría que a mis padres y hermanos, esto fue ya que hace tiempo, cuando se enteró Irene, la cuñada de mi esposo, que iba a ser madre (sólo tú sabes, Señor, las manifestaciones que ella haya transmitido para comunicar su estado), sus hermanas pequeñas, al saberlo, lo tomaron con morbosidad ya que se burlaban de ella, y yo, al recordar ese incidente, deseo con toda el alma que ellas no sepan.

19 de julio de 1975

Ocho meses antes del nacimiento.

Señor, ¿por qué la vida tiene contrastes tan opuestos? Mientras mi madrecita lloraba, nosotros disfrutábamos de nuestra felicidad. Como ella ya sabía que teníamos planeado ir el día de hoy a México (cuando vino el día 17 y después se fue a Michoacán, seguía firme nuestra decisión de ir) al llegar hoy a Cuautitlán ella esperaba encontrarnos esperándola y al no vernos se imaginó que algo horrible nos había ocurrido. Esta mañana, pensando en la preocupación de mi madrecita, decidimos hablarle a Michoacán pero no fue posible que nos comunicaran y no sé por qué no acerté a hablarle a Cuautitlán para avisarle que no iríamos, fue hasta esta noche cuando decidimos hacerlo. Cuánto sufrí al descubrir el sufrimiento de mi madrecita, por eso te ruego, ayúdala Señor, que no se vaya a enfermar por el sufrimiento que le causamos inconscientemente, cuídala Señor. También recuerdo las palabras de alegría y felicitación de mi madrecita cuando me dijo (al decirle que no se preocupara), —Ay, hija, no te preocupes por mí, tú eres quien debe de cuidarse, para nosotros ahorita todo es felicidad. Mis hermanos también me felicitaron, me hicieron muchas recomendaciones.

18 de julio de 1975

Ocho meses antes del nacimiento.

Se sabe de antemano que para la convicción de muchas personas existe la intervención de la ciencia. Digo esto Dios mío porque hoy mi esposo con gran solicitud y cariño trajo los análisis que determinan con seguridad mi estado, no te voy a negar la alegría tan grande que existe en mí al ver la de mi esposo, es una alegría que contagia, que no engaña ya. Mi hermana lloró de alegría al ver nuestra felicidad sin límite. Gracias Señor por revelar esta verdad tan hermosa a mi esposo, que antes a mí ya habías revelado.

17 de julio de 1975

Ocho meses antes del nacimiento.

Hoy vino a visitarnos Juan Lorenzini y Mari Merlo y su visita cambió nuestros planes, ya que les comunicamos la duda que existe de la venida de un hijo y que pensamos ir a México a una boda, y ellos con el fin de evitarnos un riesgo de perder a nuestro hijo por el viaje tan largo y con base en que Mari tuvo un aborto reciente a consecuencia de un viaje largo, nos aconsejan efectuar unos análisis para determinar si hay o no embarazo para que en caso de que así fuera, prescindiéramos de ese viaje. Agradezco infinitamente su intervención que seguramente por tu voluntad divina permitiste llegara a tiempo.

16 de julio de 1975

Ocho meses antes del nacimiento.

Cuando te pedimos con tanta ansiedad el hijo que viene en camino, consagramos a tu divino amor la existencia del hijo que por tu grandeza y misericordia infinita nos dieras; es por ello, Señor, que ahora, más que nunca, necesitaré de ti para que me ayudes a enseñar a mi hijo el camino que sólo llega a ti.

15 de julio de 1975

Ocho meses antes del nacimiento.

Existe gran ineptitud en mí al comprender la grande responsabilidad que ya pesa sobre mí, y es por eso que pido tu ayuda divina para prepararme lo mejor posible en crear buenas costumbres en esta santa casa donde tú existes siempre y que nos diste por hogar para que, al llegar nuestro hijo, encuentre siempre el ejemplo que tú nos diste al venir al mundo a enseñarnos la humildad, la pobreza, la caridad y tantas virtudes que jamás terminaríamos de enumerar.

14 de julio de 1975

Ocho meses antes del nacimiento.

Dios mío, observo con gran alegría que continúas con tu admirable bondad permitiéndome penetrar en ese camino en donde al final de nueve divinos meses mi corazón advierta el tesoro tan grande que aún se esconde detrás de un muro de amor y que en el final del mismo, en lugar de sentir el dolor que todos pronostican, será bálsamo que prepare nuestro ser para luchar por ese gran tesoro al encontrarlo.

13 de julio de 1975

Ocho meses antes del nacimiento.

Dios mío, siento sobre mí tu bendición, y es tan grande, que permitiste que tuviera ascos y también que observara eb tu divino rostro esa alegría y tu pronóstico a mi corazón de que seré madre, y eso para mí es como al fin descubrir la gloria, y lo único que siento es no tener los dotes necesarios para transmitir a mi esposo esta alegría que transforma hasta el último rincón de esta casa.

12 de julio de 1975

Ocho meses antes del nacimiento.

Mi esposo me dice tantas cosas y me brinda tanta confianza que es por eso que se va acrecentando la fe en que nos darás un hijo. Es por eso que te doy infinitas gracias Dios del cielo, por ser tan generoso con quien no merece nada de ti.

11 de julio de 1975

Ocho meses antes del nacimiento.

Son cinco días los que han transcurrido en medio de una angustiosa espera. Tú lo sabes, Señor, no he podido dormir, ya que mis sueños más bien parecen pesadillas, ya que me parece ver a cada instante en mis sueños que sucede lo que no deseo.