22 de julio de 1975
Ocho meses antes del nacimiento.
Gracias Dios Divino por tu gran bondad, mira mi cuerpo, en él han desaparecido el peligro y la angustia de perder a mi hijo; los males que ahora me aquejan son a consecuencia de las medicinas tan fuertes que suministraron para evitar el peligro que existía. Sigue mi pobre esposo sufriendo también en las adversidades, ya que como se han presentado tantos mareos y vómitos, y se angustió tanto al ver que nada de alimento se quedaba en mí estómago, fue nuevamente a hablar por teléfono para comunicar a la señora Arenas de mi estado, y dijo que es lo más natural, por ser consecuencia del medicamento tan fuerte que me envió, es por ello que ahora recetó otras inyecciones con el objeto de que, al comer, ya no vuelva el estómago.