30 de septiembre de 1975
Seis meses antes del nacimiento.
Hoy vinieron las hijas de doña Isabel Osti y sé que si hubieran venido solas no habría sentido tanta pena que me hayan encontrado acostada, pero cuando observé que las acompañaba esa muchacha tan bonita y tan bien arreglada me sentí muy mal. Su trato me pareció amable y sincero, pero sólo tú sabes Señor que muchas veces juzgamos a las personas de una o de otra manera sin acertar a lo que en realidad son, ya que muchas veces detrás de una cara aparentemente sincera y noble, se esconde la perversidad, y por el contrario, cuando vemos un rostro duro y severo nos imaginamos de igual manera sus actos, siendo muchas de las veces una simple máscara que esconde mucho de nobleza y amor que ha sido frustrado la mayoría de las veces por el sufrimiento. Por eso te ruego no permitas jamás que juzgue a nadie por sus apariencias.
Hace un momento llegó mi esposo de hablar por teléfono con mi hermana Estela y mi cuñado, y como era de esperar, me siento feliz de saber que ella y su niño están bien, síguelos cuidando Padre mío, ayúdalos.