10 de julio de 1976

Cuatro meses de edad.

El sueño más sublime y más noble, más cerca de lo divino que de la realidad, se vio realizado este día.

Todo sucedió impregnado de la ternura jamás descriptible porque un día te dije hijito, que cuándo extenderías hacia mí tus manecitas y ¿sabes una cosa?, hoy, precisamente hoy se ha realizado ese maravilloso acontecimiento tan lleno del más infinito candor, la más grande de las realidades.

Te imagino, hijito de mi corazón, si Dios me permite que sigas a nuestro lado, cómo observaremos ya la gloria que nos dará tu presencia.

Juan Jacobo, vienes de Dios y para Dios.