12 de septiembre de 1976

Seis meses de edad.

Gracias Señor por esta dicha inmerecida, por esta palabra que es la primera en labios de nuestro hijo, porque más bello no puede ser lo que de esos inocentes labios escuchamos hoy, y qué mejor palabra que papá.

A ti también hijito agradece tu madre esta inmensa alegría, porque sin elegir, sin poder decirte yo tantas palabras hermosas que existen, has dicho la mejor, la del hombre a quien tanta gratitud después de Dios debemos tú y yo.

Ruego al Señor permita que así como hoy fue lo primero en acudir a tus labios siga siendo por siempre lo primero en tu vida, lo más sublime a tus ojos, a tu corazón; el único ideal de tu vida, ser como él.

4 de septiembre de 1978

Dos años y seis meses de edad.

Cuánta alegría traes a nuestra vida Juan Jacobo, transformas todas nuestras debilidades y fracasos en posible armonía, fortaleza y victorias.

No sé explicar lo que experimentó mi ser cuando te pedí los zapatitos de Alejandrito, estabas distraido; pero cuando ya viste que los tomé, dijiste —Dámelos, sí te los paso; nuevamente los pusiste en la cuna y después me los diste.

Otro hermoso detalle fue que estabas acomodando tus dados en una cajita y, como estaba inclinada, se resbalaban, y tuviste un momento de desesperación y, a punto de llorar, dijiste —Mira mamá, se desbarataron, entonces te dije, —Es que están inclinados y debe estar derecha la caja, y te reíste con esa alegría que te caracteriza y dijiste, —Inclinados.

Sabiendo que Alejandrito se desespera al ver cualquier animalito, hoy le mostraste unos gallitos (de un cenicero) y le decías —¡Huy! ¡Huy!, así mismo reías divertido mientras Alejandro parecía desesperarse. Después me los diste y dijiste —Mamá, ahora hazme tú, y te reías contagiosamente.