22 de noviembre de 1978
Dos años y ocho meses de edad.
Con tristeza infinita descubro que hace ya un mes que no te enseño a leer, Juan Jacobo; ahora comprendo que he perdido un tiempo maravilloso, más que por mí, ha sido por ti. Me privé de la inmensa dicha de ver con qué facilidad aprendes, pero ahora me hago el propósito de seguir adelante con la idea de que sigas aprendiendo a leer.
Hace unos momentos le quitaste a Linda su pan, y al decirte que se lo dieras, lo tiraste, y por ello te pegué y lloraste, después te expliqué por qué no se hace eso y te conformaste.
Cuánto siento no haber acudido a tu llamado, porque al no hacerlo cuando viniste por mí, después provocó que te cayeras y te pegaras en tu cabecita, perdóname hijito y ten la seguridad que de hoy en adelante iré pronto para ver las travesuras y el trabajo que dices que realizas. Deseabas que fuera para que viera cómo le sacabas punta a tus lápices, pero lo hacías a las gomas, y también para que viera cómo separaste los foquitos por colores.
Te veo un poco triste, pero esto se debe a que tienes catarro; también estás muy molestito, espero en Dios que te alivies. Cuando te dimos tu medicina, sin que te dijéramos nada, dijiste —en el nombre sea de Dios, y tanto a tu papá como a mí nos causó alegría.