15 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Tal vez sentías todavía sueño esta mañana, porque al estar rezando preferiste hacerlo acostado. Sabiendo que con tu inocencia vale ante Dios todo lo que con amor le digas, te dejé que siguieras rezando así.

Fuiste al baño y te lavaste tus manos, después me pediste de desayunar, y al llegar a la cocina acercaste unos huevos a la estufa y cuando te pregunté que cómo querías que te hiciera uno, contestaste que los habías llevado para que le hiciera a Alejandrito y que a ti te hiciera un sandwich.

Te fuiste después a iluminar, pero muy poco tiempo, porque dijiste que te cansabas. ¿Sabes qué iluminaste? Un dibujo que tú mismo hiciste.

Qué respetuoso eres, sabes que cuando escribo prefiero estar sola y estabas buscándome, cuando me encontraste quizá te tranquilizó saber que estaba cerca de ti porque al verme sonreíste y otra vez te saliste y cerraste la puerta. Estaba lavando y escuché que lloraba Alejandro, después me dijeron que tú le pegaste.

Me asomaba de vez en cuando a la recámara donde te quedaste y estabas iluminando. Cuando regresé, otra vez le pegaste a tu hermano porque él no le quiere prestar unos dados a la niña que está jugando contigo. En un costal había juguetes y todos los vaciaste y con qué imaginación hiciste con todos ellos una casita.

Ya regresaba de lavar cuando tú, por el lado opuesto de la casa, saliste a buscarme, y al no encontrarme te regresaste, y al verme te reíste mucho.

Fuimos a cortar flores para la Santísima Virgen y con qué alegría las llevaste hasta donde estaba la bendita imagen.

Cuánto capricho hiciste cuando comiste, te explicamos que no había mole ni chilaquiles, que fue lo que pediste para comer, al ver que no comprendías por qué no te dábamos, nos hiciste enojar y estuviste llorando; ya que estuviste más calmado te comiste un huevo y un aguacate.

Cuando fuimos a caminar, con qué cariño le hablaste a tu hermano, le decías que no se fuera a espinar y para que no llorara seguiste diciéndole con mucho cariño que íbamos a cortar florecitas. Al oírme decirle a tu hermano que parecía que estaba el paletero, me desmentías diciendo, —ay mamá, no es el señor de las paletas, es Lucy.

Me pediste por segunda vez desde siempre que te encendiera la televisión y tuve que estar tratando de explicarte lo que me preguntabas acerca de lo que veías. Ya que terminaron las caricaturas tú mismo la apagaste. En un comercial, un niño tomaba Milo y por eso me pediste que te hiciera Choco Milk; sólo medio vaso te tomaste porque dijiste que le ibas a guardar a tu papá y a Alejandro. También llevaste varios huevos porque querías que sobrara para ellos.

Con qué rapidez te vistes ya, bueno, también yo lo hice de ayudarte porque íbamos con tu papá a visitar a la Santísima Virgen. Te ibas a dormir pero te dije a dónde íbamos y ya no lo hiciste. Como siempre, parece que se ponen de acuerdo tú y tu hermano, comenzaron de inquietos en la iglesia y los llevé afuera; te expliqué que allí deberías de portarte bien y así lo hiciste, después tú mismo me pediste que volviera a cantar «que Viva mi Cristo» y rezaste. Al salir, te mojaste; después te estabas comiendo una tortilla y te quedaste dormido.