29 de agosto de 1979
Tres años de edad.
Qué hermoso acto tuviste al comenzar esta mañana, me diste un besito en cuanto me viste, porque dormiste desde la una con nosotros, ya no es raro, ¿verdad?
Los dos rezaron conmigo, pero hoy no lo hiciste con devoción.
No querías que jugáramos a leer en el comedor porque no había sol, preguntaste que por qué estaba nublado, y ya que te expliqué, aceptaste jugar allí.
Estabas iluminando con mucho interés, pero ahora lo hacías en dibujos que tú mismo hiciste, después me enseñaste a Alejandrito (lo dibujaste). También dibujaste una novia sin manos.
Cuando fuimos a caminar querías una muñequita (les dices así a los jilotes que aún tienen los cabellitos rojizos, de elote) y no se veían ya, porque ya casi todos son elotes; te dijimos que mejor mañana, primero Dios, pero seguiste insistiendo y fue a buscarte uno la niña del señor Félix y no lo quisiste porque estaba muy chiquito y con cabellitos aún blancos.
Cuando regresamos querías comer pero por ir a quitar la ropa me olvidé de calentar la comida y de lejos vi que algo estaba prendido en la estufa, te pregunté qué sería y me dijiste que eran tus tortillas y entramos, pero ya estaban completamente quemadas, calentamos otras y cenaste, después viste que cocimos elotes y también comiste, hice huevo para tu hermanito y para sorpresa mía volviste a comer, después un poco de choco milk con pan, ojalá no te haga daño.
Me sentí muy mal esta noche, tuve la sensación de que me iba a caer y nos salimos rápidamente de la casa y te expliqué* que si me sentía muy mal le hablaras a la señora del señor Félix, y traté por todos los medios de controlarme y le pedí a Dios que me ayudará, más que por mí, por tu carita tan asustada, después dijiste algo que me llenó de alegría a la vez que me desconcertó, dijiste que rezáramos para que me compusiera y te dije que sí, pero seguí recogiendo lo más indispensable y otra vez me dijiste que nos fuéramos para que descansara. Parece, chiquito adorado, que fueras ya una persona mayor que descubriera qué es lo más necesario en mi caso**.
Con esperanza de que un poco de alcohol me hiciera reaccionar un poco más, lo estuve buscando y me ayudaste; al ver que lo encontramos, al igual que yo, te pusiste muy contento porque ya te había dicho que era bueno para que se quitara lo mareado que tenían las personas; poco después comenté que me sentía mal otra vez y rápidamente abriste el alcohol, hasta se cayó la tapadera por la rapidez con que lo hiciste, y cada momento preguntabas que cómo me sentía, un instante me quedé tan pensativa que preguntaste que qué estaba pensando y te dije que ya me sentía mejor y tu respuesta fue que gracias a Dios.
Al oír que llegó tu papá nos fuimos los tres a esperarlo a la puerta y decirle lo que me pasaba.
Qué gracioso fue verte abrir un paquete de pan y comer la mitad de uno, pues ya habías comido demasiado. Más tarde te dormiste.
*Siempre he recordado muy bien esa escena, tal vez sea de mis primeros recuerdos de niño. Recuerdo que era de noche, que hacía un poco de calor, y mamá estaba sentada en el piso, afuera de la casa, dándome instrucciones. Yo estaba muy asustado. Encontrarme con este texto y transcribirlo ha generado en mí una sensación muy particular.
**Mamá tenía más de ocho meses de embarazo de su tercer hijo.