30 de septiembre de 1979
Tres años de edad.
Qué contraste en tu comportamiento al de muchos domingos anteriores; cuánta inquietud demuestras. Estuviste jugando tan ruidosamente en la celebración de la Santa Misa de hoy —hasta llamaste a Linda en voz alta para que jugara contigo. Tu papá tuvo que llevarte afuera para pegarte, porque ya habíamos hablado contigo y no entendiste.
Después estabas muy triste, pero le pediste a tu nonna que te perdonara, al despedirte de ella, y mandaste felicitar a tu nonno por su próximo cumpleaños (día 6—oct.).
Te quedaste a acompañarme mientras tu papá fue a comprar el mandado en Abasolo y me estuviste ayudando al quehacer. Me pediste que te diera a la niña para cargarla, pero te expliqué por qué no debes cargarla solito; le hiciste tantos cariñitos que siento infinita ternura al ver cuánto la quieres.
Qué gusto te dio ver a tu papá cuando llegó de Abasolo; le pediste la caja del mandado de la tienda y lo vaciaste en el piso.
Se veía que estabas muy cansado y te dormiste casi cuatro horas este día.