6 de septiembre de 1979
Tres años de edad.
Chiquillo adorado, cuánto me has ayudado esta mañana; recogiste muchas cosas, limpiaste el refrigerador y la estufa, y aunque no tenías mucho apetito, desayunaste.
Vas tan contento a Irapuato que no pierdes un solo detalle de lo que ves, a lo lejos se distingue un silo y crees que es un castillo, se lo muestras a tu papá con mucho entusiasmo, después te ves triste porque ya no se ve.
También quieres que lleguemos pronto para comprarle a tu hermano colores y libros.
Qué sorpresa tan grande nos diste, porque al rezar la oración de la mañana, con alegría vimos que contestas casi todo lo que decimos.
Al llegar con el doctor, qué ejemplar comportamiento, te felicitamos de verdad, muy dentro de nuestro corazón, aunque debemos decírtelo. Estuviste escribiendo números y la a y la i.
Al salir del consultorio cómo insististe que fuéramos a Comercial Mexicana a comprar cosas para tu hermanita, tu papá te dijo que no traía dinero, pero parecía que no comprendías y te pusiste a llorar, por lo que para conformarte te dijimos que sólo compraríamos una vendita para su estomaguito y después de un rato te conformaste y decías, al ver que no la comprábamos, que a qué hora lo haríamos, hasta que al fin te cumplimos tu deseo.
Pediste un helado de vainilla y te escurría por tus bracitos, por lo que pedías un trapito y trataste de comértelo rápido.
Estabas sudando tanto que dijiste que no vuelves a ir a Irapuato porque tienes muy caliente tu carita y me pides que la sienta cómo está y me da mucha tristeza de verte así; después te comiste la mitad de una torta y te dormiste. Ya en la casa pediste de comer porque tenías hambre.
Por haber dormido en el día, no te podías dormir esta noche y me pedías que te cantara y así lo hice mucho tiempo, hasta que por fin te quedaste dormido. Cuánta ternura y amor inspiras, pequeñito de nuestro amor.