13 de octubre de 1979
Tres años de edad.
Esta madrugada, antes de entrar a la recámara, tocaste dos veces la puerta.
Haces tantos cariños a la niña que cualquier persona que te viera sentiría esta gran ternura como la que en mí inspiras.
La señorita Alicia hizo ensalada, y no la quieres así, sólo que le pongan más chile.
Le preguntaste a tu papá cómo sigue, en realidad muestras interés por su salud, ya que varias veces te decimos que vayas a jugar y no lo quieres hacer por estar con él.
Como no te separas ni un momento de tu papá, tuve que inyectarlo enfrente de ti y otra vez te enojaste porque lo hice, pero parece que comprendiste después que es necesario.
Al ver ya todo listo para llevarle de comer a tu papá, quieres llevarle tú, pero sólo t dejé que me ayudaras. Después, al ver que le iba a dar medicina, también te adelantaste a dársela; tienes tanto empeño en ser útil, que no has tenido un solo momento de descanso.
Cuánto esfuerzo tuve que hacer para que accedieras salir un momento, los llevé a caminar, y lo que hiciste fue tirar piedras al camino y, en un descuido, te regresaste con tu papá.
Me dio mucho gusto que quisieras ir a Abasolo, para que te distraigas un poco, y de regreso repartiste gelatinas a todos, a tu papá le diste una, en la cuna, otra para tu hermanita, a Alex también le diste una, y a mí; lo más hermoso fue que les quitaste la tapita a todas y nadie se las comió.
Nos platicaste que compraste plastilina, pero la olvidaste en la camioneta de tío Daniel.
Te acostaste con tu papá, pero no te dejé, porque después tenía que cargarte y estás muy pesado, y con qué docilidad obedeciste y te despediste de tu papá y te fuiste a dormir.