8 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Había flores en el comedor y las llevaste sobre la televisión, enfrente del cuadro del Divino Maestro, y me llamaste y dijiste, —mire qué contento está Diosito porque le traje flores. Y en un momento, también yo estaba feliz, ya que después, una contestación tuya fue la que me hizo sentir infinitamente triste.

He tratado de encontrar la verdad a la tu falta de respeto para conmigo, y sólo descubro en mí falta de cariño hacia ti, y con toda el alma, le ruego a Dios, me lleve al camino de ese corazón inocente, para llevarle todo el amor que no había llegado por haber estado tan enferma.

Me pediste que fuéramos a caminar y al hacerlo me sentí feliz porque encuentro de momento la solución al problema de tu agresividad en dedicarte más tiempo y tratar de que seamos verdaderos amigos.

En la pileta de las vacas había un refresco, y Luz, la niña del señor Félix, te dijo que te lo llevaras, y no dudaste en tomarlo; sólo que al verte, te expliqué que eso no se hace, ya que alguna persona lo dejó ahí para tomárselo después, y que al buscarlo y no encontrarlo, se pondría muy triste; además, si había refrescos adentro de la alacena, te daría uno, y obedeciste enseguida de llevar el refresco a su lugar, pero en la casa no hubo refrescos, por lo que buscaste unos envases para que tu papá te comprara, pero no fue posible que lo hiciera.