27 de marzo de 1979

Tres años de edad.

Se adelantó tu papá con tu hermano hacia donde juntaban la alfalfa y tú y yo lo seguíamos, entonces lo observé largo rato y te dije —¡Ay hijito!, cómo quiero a tu papá—, a lo que tú contestaste —¡Ay mamá!, cómo quiero a Diosito porque nos va a mandar una niñita. Sentí, hijito, tanta alegría, tanta emoción por esas palabras, que no hay ni habrá nada para comprender qué te pudo impulsar a decir algo tan sobrenatural.

Bendito sea el Señor quien me ha permitido vivir para presenciar tan grande milagro. Sí, porque presiento que Él habló por ti, pues como profeta serías el elegido para revelar tan grande verdad a mi alma.

[Claro que yo no lo sabía en ese momento, pero en septiembre de ese año nació mi hermana, y se supo que era niña hasta el momento de nacer.]