24 de mayo de 1979

Tres años de edad.

Con qué alegría y entusiasmo me ayudaste a preparar el pastelito para el cumpleaños de tu papá; cuánta necesidad se veía que tenías en hacer las cosas rápido, que varias veces me preguntaste si le ponías el royal, y por eso, sin darme cuenta, te dije —Sí, ahorita; fue entonces cuando se lo pusiste al azucar con la mantequilla y los huevos. Al decirme tú que si con ése, fue cuando me di cuenta que se lo habías puesto.

23 de mayo de 1979

Tres años de edad.

Escuchasta ayer a la señora Silvia Negrete hacer el comentario de por qué no los llevaba a los juegos (la feria) y me recordaste —Mamá, ¿por qué la señora Silvia le dijo que nos llevara a los juegos y no nos ha llevado? Y te contesté que pronto lo haría.

22 de mayo de 1979

Tres años de edad.

Cuando entramos en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe rezaste con gran devoción un Padre Nuestro por mi abuelita Virginia para que Dios le mande el alivio. Fuimos más tarde a escuchar la Santa Misa y como veías que tu hermano se subía al altar, ibas y lo jalabas.

21 de mayo de 1979

Tres años de edad.

No me dio coraje descubrirlos a ti y a tu hermano destruyendo lo que tanto trabajo me costó hacer, por el contrario, me causó gracia al ver que lo hicieron por satisfacer esa necesidad, esa curiosidad, al abrir y comer lo que esos molinitos tenían adentro (eran barquillos adornados y rellenos de dulces pequeños); los quería para el cumpleaños de Alejandrito, pero ustedes les dieron mejor fin porque ya casi no dejaron.

Entré de bañarme y los busqué pero no los encontré; hasta después, viendo que estaban muy quietecitos en la sala, fui a ver qué estaban haciendo, y detrás de un sillón ya tenían muchos barquillos hechos pedazos y comiéndose los dulces, y me asomé a la vitrina y cuál fue mi sorpresa que ya sólo quedaban dos.

20 de mayo de 1979

Tres años de edad.

Perdóname hijito por haberte pegado esta mañana. ¿Que por qué fue? En realidad sea cual sea la causa debí haber hablado contigo y no castigarte, ruego a Dios de todo corazón que esta pena que me acompañó en todos los momentos de este día me ayude a demostrarte todo este gran amor que te tengo, educándote debidamente para merecer que me perdones algún día.

También me sentí triste que me recordaras el porqué el jueves pasado que no quisiste quedarte en la camioneta sino acompañarme, aún diciéndote que estaba muy lejos el lugar a donde iba: recordaste muy bien cuando te dije —si te cansas no comiences que te alce, tú te cargas solo; y hoy que me dijiste que por qué te dije así, pensé que debo reflexionar más a fondo en las respuestas que debo darte.

19 de mayo de 1979

Tres años de edad

Se me ocurrió dormir un rato y desde que me acosté, continuamente me estabas hablando; estabas dibujando tu cuaderno de animalitos y me decías —mamá, ¿la carita no se le pinta?, y te contesté —no, hijo, no se le pinta. Después me decías —mamá, mire qué bonito me está quedando, y te dije —sí, pero déjame dormir. Luego cerraste la puerta de la recámara con seguro y te dije que no la cerraras porque hacía mucho calor, y la abriste, sólo un momento, porque en cuanto viste que cerré los ojos la cerraste nuevamente y pensé que talvez tenías alguna razón para cerrar y te dije que por qué la cerrabas y dijiste —es que Lucy* me quiere quitar mi libro.

Ya no me pude dormir porque cuando otra vez cerré los ojos, golpeándome suavemente dijiste —mamá, ya quiero de comer, y me levanté. Más tarde me diste tu cuaderno para que te hiciera manzanas, refrescos, sillas, un tractor y una maceta y tú los ibas a iluminar.

*Empleada doméstica.

18 de mayo de 1979.

Tres años de edad.

Cuando no desayunas bien (como hoy) a tu leche le agregamos una yema de huevo, y como sé que no te gusta hoy que me dijiste que mejor no le pusiera, te dije —es para que te salgan chapitas, y enseguida te la tomaste.

17 de mayo de 1979

Tres años de edad.

Del jardín trajiste varias flores, pero sin tallo, y te dije que no las cortaras así porque no se podían poner en agua; trajiste más e hiciste lo mismo, traerlas sin tallo. Entonces te expliqué cuál es el tallo y te saliste nuevamente, y cuál fue mi sorpresa y cómo nos hiciste reir cuando llegaste (según tú con un racimo de azucenas) con varias corolas de flores marchitas y sin un sólo pétalo.

16 de mayo de 1979

Tres años de edad.

Fuiste a la estufa y al sarten de la comida le amarraste un trapito y comenzaste a jalarlo como si fuera un carrito y te dije que no, porque era la comida de tu papá, que mejor se lo amarraras a uno de tus carritos, y muy obediente tomaste tu triciclo, un carrito, y se los amarraste.

Muy preocupado me dijiste que tu hermano ya había despertado, que no creyera que tú lo habías despertado; esto talvez me lo dijiste porque en ocasiones te regañamos porque lo despiertas.

Trajiste del jardín una florecita blanca, tan pura, tan sencilla como tu corazón, y me dijiste —tenga mamá, se la pongo en agua, y ya cuando la pusiste en un pocillito me dijiste —mire mamá, aquí está una pestañita mía, sáquela, y cuando la iba a sacar dijiste —mmm, ya se deshizo, pero la encontré y te la mostré y la guardé, y me dijiste —¡mire otra!, entonces te dije —no, hijo, es una rayita que tiene el pocillo. Como te das cuenta que guardo tus pestañitas cuando se te caen, estabas buscando en el suelo algo con un papel en la mano, y cuando te preguntamos qué estabas buscando dijiste que tu pestañita, pero que no la encontrabas.

15 de mayo de 1979

Tres años de edad.

Se te formó una costrita en tu boquita, donde te pegaste el domingo, y te la quitaste; cuando te salió sangre me dijiste que te dolía, te dije que no te hubieras lastimado y me contestaste —Es que ese pedacito ya no me servía, por eso me lo quité. Esta mañana decidimos tu papá y yo ir a Abasolo, y como aún estabas dormido, te dejamos, y me sentí muy triste cuando regresamos, al ver tus ojos llenos de lágrimas, y me dijiste que lloraste porque había hecho mucho ruido la olla express y te asustaste.

Cuando fuimos a Abasolo hace unos momentos, le pediste a tu papá para comprar un elote y quisimos ver si sabías comprar, y fuiste directamente con la persona que los vendía, y ya cuando te lo iba a dar el señor, nos acercamos porque nos dio tristeza dejarte solo; después nos pediste para comprar un barquillo, éste también lo pediste tú (lo pediste de vainilla) y ya cuando nos veníamos, compraste una paleta.

14 de mayo de 1979

Tres años de edad.

Ya se comienza a descubrir en ti ese sentido de obediencia, de orden; fui al comedor a escribir una carta y después llegaste con una silla y me dijiste que te ibas a sentar junto a mí. Cuando observé que la traías de la cocina y adiviné el porqué lo habías hecho, quise oir de tus propios labios la respuesta, y te dije, —Hijo, ¿por qué no te sientas en una de estas sillas?, a lo que contestaste, —Que no ve que se ensucian, por eso traje ésta, y me causaron tanta ternura tus palabras que te abracé y te hice saber que eres muy inteligente, y te mostraste muy complacido al saber que hiciste algo bueno.

13 de mayo de 1979

Tres años de edad.

Mientras se celebraba la Santa Misa a la que asistimos este día, al cantar Te vengo a decir, oh mi salvador, que te amo Señor, te quiero Señor, con el corazón, se descubrió tanta felicidad en tu carita que comenzaste también a cantar y estabas muy quietecito y atento.

Por la tarde te caiste y se hinchó mucho tu boquita, por lo que lloraste mucho, y cuando llegó tu papá le dijiste que te dolía mucho y que también tus dientitos, y cuando tu papá te dio un mejoralito, le dijiste que te lo diera por el lado contrario de donde te habías pegado para que no te lastimara, y cuando por la noche te ofrecí un taquito, dijiste que no querías porque no te iba a caber en la boquita y que después te lastimabas. ¿Ya ves cómo sigues dando sólo ternura en tu inocencia?

10 de mayo de 1979

Tres años de edad.

Cuánto amor encierran tus actos realizados el día de hoy: llegaste con un manojito de alfalfa ya con flores y me dijiste —tenga mamá, muchas felicidades pero ya están secas (esto porque la cortaste el día de ayer). También hiciste que papá te comprara el día de ayer un trastecito de plástico para regalármelo, y estabas muy contento con tu regalo. Más tarde llegaste con unas gladiolas rosas y abrazándome me dijiste —tenga mamá, felicidades, póngalas en agua. Me hiciste tan feliz como en la mañana, y pienso ahora cuánto vale la pena vivir sólo para presenciar actos tan llenos de abnegación que sólo por voluntad de Dios vive alguien que no los merece. Y por la tarde tenías reservada otra sorpresa cuando llegaste con más flores del jardín y otra vez me dijiste —muchas felicidades. ¿Por qué lo hiciste vidita mía? ¿Qué hay en ti que haces tan feliz a tu madre? Ojalá, hijito nuestro, podamos pagar a tu corazoncito la enorme felicidad que hoy me das.

4 de mayo de 1979

Tres años de edad.

Me dijiste que te platicara de Juan Diego, después me dijiste tres veces más, y cuando me fui a la cocina me hablaste muy insistentemente para que te hiciera el mismo relato; después de unos minutos fui y te platiqué, pero cuando estaba rezando con tu papá, otra vez me hablaste para que te dijera lo de Juan Diego, y como no fui enseguida, te pusiste a llorar, y cuando estuve a tu lado me dijiste —Mire mi lagrimita por no venir pronto, y cuando te estaba haciendo el relato de Juan Diego, te quedaste dormido.

Lo que también recuerdo de este medio día, fue qué tanto insististe que te bañara aunque fuera con agua fría, que así lo hice, y después tenías mucho frío.

3 de mayo de 1979

Tres años de edad.

Encontraste en el jardín un guajolotito muerto y me dijiste que ni tú ni tu hermano le habían pegado, que ya estaba así; después nos pediste que lo cociéramos diciendo, —yo quiero que lo cosan; a lo que te contestamos que no se debería de comer chiquito, sino grande, y ya no le dimos importancia. Después lo encontramos en la estufa, donde lo pusiste en un pocillo con agua a calentar, lo quitamos y te pusiste a llorar y tuvimos que esconderlo.

Mayo de 1979

Tres años de edad.

Juan Jacobo, que sea el mensaje que pretendo dejarte, sólo aquél que el Señor dicte a mi corazón y a mis actos, y que al leerlos, observarlos y sentirlos, te purifiques con su amor, para que tu mañana sea en toda su plenitud llena de sol sin una nube que ensombrezca tu semblante ni tu corazón.

Deseo sinceramente sean los actos de tu vida agradables a Dios, consagrándolos al servicio corporal y espiritual del prójimo, siguiendo una vocación sobrenatural agradable al Señor. Quiera Dios que la voz que pretende salir —más que de mis labios— de lo más profundo de mi alma, quede grabada en tu pequeño corazón por medio de estas páginas escritas, para ayudarte a ocupar un día un grado de perfección que te lleve a ser un posible elegido del Señor.

Si el Señor permite que tu labor sobre la tierra sea apostólica, me impulse ese gran deseo a poder colaborar con Él y hacer de ti, pequeñito nuestro, el apostol digno a tan grande virtud.

A partir de este momento contraigo una deuda contigo hijo, que veas siempre como algo santo tu dolor, tristeza, aflicción, tu desilusión.

2 de mayo de 1979

Tres años de edad.

Se batieron tanto de maizena en polvo tú y tu hermano este día, que en lugar de darme coraje por haber tirado en la cocina casi toda la caja, me causó risa; lo único que lamenté fue no haber tenido una cámara para sacarles una fotografía. Cuando te fuiste a dormir rezaste muy bien, después me dijiste que te platicara el libro de Diosito, y como no lo encontré ("Libro de historia sagrada"), te dije que cantáramos ("De colores") y quedaste muy complacido.