30 de junio de 1979
Tres años de edad.
Estábamos jugando y en ese juego a cada uno le decíamos que tiene cara de zorrillo, y cuando ustedes deberían decir que mamá tiene cara de zorrillo, dijiste que mamá no.
Cuando se enteró de su primer embarazo en julio de 1975 (a los 26 años), rodeada de una soledad inmensa, Raquel comenzó a escribirme un diario. Son narraciones verosímiles y entrañables de todo lo que pasaba en aquel entonces, en un rancho de 12 habitantes, alejado de todo, incomunicado. Éstas son las transcripciones de aquellos textos.
Tres años de edad.
Estábamos jugando y en ese juego a cada uno le decíamos que tiene cara de zorrillo, y cuando ustedes deberían decir que mamá tiene cara de zorrillo, dijiste que mamá no.
Tres años de edad.
Estuve buscándote, y cuando te encontré, sentí alegría al ver qué estabas haciendo. Como ya tenías bastantes flores, fuiste hacia mí y me dijiste —Ahora no son para usted, son para la virgencita. Talvez pensaste que me sentiría mal por no ser para mí, que dijiste —Mañana le corto a usted. Seguiste cortando más y después me pediste que te acompañara a llevárselas a la Virgen y tenías tanta alegría de la forma en que se las acomodamos que decías que ahora sí estaba contenta y después llamaste a tu papá para que las viera.
Hijito, estas flores sí se marchitan, pero en este momento y siempre rogaré a Nuestra Santísima Virgen que la belleza y pureza de las flores que sus almas son ahora, permanezcan siempre íntegras, sin que las toque el viento de las tentaciones y la maldad, y que tú también, con tu bendita inocencia, sigas tratando de que Ella siempre esté contenta contigo.
Teniendo ya cuadernos y plastilina, insististe tanto en que te compráramos más, que tuve que hacerlo y venías muy contento por ello.
Tres años de edad.
Por la noche te llevo el comodito para que no mojes la cama, y al sentirlo, creyendo que era tu biberón, metiste tu manita, y agarrándolo fuerte, trataste de llevártelo a la boquita.
Tres años de edad.
Llegaste llorando porque te pegó Luz* y dijiste —Mamá, ¿por qué me pegó Luz, si todavía tengo mi carnita muy tiernita, también mi huesito; y me mostraste tu bracito y tu codito. Te dije que no le hicieras nada para que ya no te pegara y comentaste que no le habías hecho nada.
*Empleada doméstica
Tres años de edad.
Como fue aquí la reunión del grupo, estuviste al pendiente casi todo el día para ver cuando llegaban, y muy lindo decías —Mamá, oí un ruidito, ¿no serán las muchachas de la reunión? Ya que llegaron, te portaste muy bien, no viniste al comedor hasta que ya se habían ido y preguntaste que si ya se habían ido las muchachas.
Tres años de edad.
Aunque no lo creas, la ayuda que hoy me brindaste al quehacer me causó mucha satisfacción ya que es demasiado lo que hiciste.
Me dio mucha tristeza reflexionar al recordar cuántas veces me dijiste hoy que fuéramos a caminar y no lo hice por tanto trabajo, pero trataré de llevarte en lo sucesivo, pues a todos nos hará mucho bien. Al estar hablando por teléfono con mi mamá, me pediste el teléfono y la saludaste y platicaste un poco con ella.
Tres años de edad.
Fuimos a la clausura de clases de primaria de una niña en Abasolo y hubo bailables y esto te llamó mucho la atención, seguías con tu cabecita y tus ojitos cada movimiento de los niños, sobre todo cuando bailaron El patio de mi casa.
Por la mañana estabas iluminando y me dijiste que si le pintabas las manos y la cara a unos muñequitos de color rosa o amarillo, y ya que te dije cuál, me contestaste, —Mmmm mamá, ya lo pinté de negro. Tal parece como si supieras lo preocupada que estoy con tanto quehacer y tú con esas gracias.
También cuando tu papá se iba a Irapuato esta mañana sentías tantos deseos de acompañarlo, que por temor a que se fuera me dijiste que te trajera tu ropita para que papá te vistiera en el camino.
Estuvieron tú y tu hermano tan inquietos en la iglesia que se salían y entraban, y cuando me buscaban, como no sabían en qué banca estaba, se seguían hasta adelante, y de regreso otra vez me buscaban y les daba risa al encontrarme. Después les compraron paletas y se las comieron en la iglesia.
Estabas muy contento con los libros de iluminar que te trajo tu papá de Irapuato.
Tres años de edad.
Talvez necesites mucho de la presencia de tu papá porque me dijiste, —Mamá, ya no hay que dejar ir a trabajar a mi papá porque me siento muy triste.
Le cerré a la recámara porque tenía que escribir y me dijiste, —Mamá, ábreme por favor y me estoy quietecito, y fue tan dulce tu vocecita que venciste mi voluntad y te abrí, y en realidad te quedaste sentadito, y cuando estabas ahí me dijiste que te daba miedo estar afuera.
Te has dado cuenta que tu papá no quiere que haga mucho quehacer ahora que no hay quien me ayude y fue por eso que dijiste, —¿No le digo a papá que está lavando el piso porque se enoja? Y te contesté que no.
Me parece increíble que a pesar de tu edad ya comiences a darte cuenta de estas cosas y trates de evitar conflictos.
Tres años de edad.
Le diste un besito a tu papá y le preguntaste si te quería, él te respondió que sí. Eran las 12.00 del día y te encontré persignándote ante el crucifijo y te pregunté —¿Por qué te estás persignando? y dijiste —Es que me acordé que no me había persignado. Qué palabras más lindas que jamás olvidaré.
Por la noche me dijiste —Mamá, ¿por qué trabaja tanto papá y no está mejor con nosotros? Te contesté que lo hace porque tiene que comprarnos muchas cosas y dijiste —¿También mis cositas? Te contesté que sí y fue cuando dijiste que rezáramos para que ya llegara tu papá.
Tres años de edad.
Se paró una mosca en tu cuaderno y dijiste con infinita inocencia —Mira mamá, esa mosca ya me rayó mi cuaderno.
Tres años de edad.
Me diste otra vez una telita para que hiciera un vestidito para la niñita que Dios te va a mandar y te contesté que mejor después, porque podía ser que se terminaran las niñitas que tiene Diosito y nos mandara un niño, y ya te quedaste conforme. Como sabías que estaba haciendo un saquito para mí y viste que me lo probé, me preguntaste que si ya lo había terminado y te dije que sí.
Cuando te estaba arreglando querías que lo hiciera rápido porque le querías enseñar tu chamarrita a Juana*, y cuando te la iba a quitar porque te quedó chica, no quisiste.
*Empleada doméstica.
Tres años de edad.
Al ver que tu hermano no se sabe lavar la boquita, me dijiste que le dijera que tú sí sabes.
[En la feria] te subiste a los juegos (carritos, caballitos, trenecito dos veces) y estabas tan entusiasmado y feliz que lograste contagiarnos al ver tu alegría; querías seguirte subiendo pero te veías demasiado cansado ya que cuando veníamos para Abasolo hasta te estabas durmiendo, y sabiendo de tu inquietud por subirte a esos juegos tratamos de distraerte hasta que llegamos. Por esta causa no quisimos cansarte más y decidimos regresar a la casa.