31 de julio de 1979

Tres años de edad.

Hoy ha sido un día demasiado triste, no sólo para ti sino también para nosotros. Sentimos tal desesperación de verte desde que naciste tan enfermito que hemos tratado por muchos medios de que tomes la medicina, y lo único que hemos logrado es crear una crisis que, le rogamos al Señor, se borre muy pronto de tu ser.

Papá te pegó, también lo hice yo, pensando que era un capricho, te quisimos dar esas cápsulas remojadas para que estuvieran suaves y te las pudieras pasar, pero ni siquiera abrías la boca, hasta café con leche te dimos (y no te podíamos dar) y tampoco te las tomaste y lo último que hicimos fue inyectarte para ver si viendo tú la jeringa lo querías, y todo fue inútil. Después te mostré la imagen del divino Rostro, explicándote que Él quería que tú no sufrieras, que por favor te la tomaras para que ni papá ni mamá te pegaran ni se molestaran contigo, pero seguiste con tu negativa, por lo que decidió tu papá ir a hablarle por teléfono al doctor y ya fue que te administraron la misma medicina —Chloromycetin— en suspensión.

Cuando comimos tal vez pensaste no molestarnos porque advertía en ti ese deseo por querer comer, y al tratar de hacerlo, tu estomaguito no correspondió, y sólo cuatro cucharaditas de caldo tomaste.

Con la esperanza de que no te hiciera daño, te di huevo y nuevamente te sentiste mal, sólo comiste un poco. Ya no tienes fiebre, gracias a Dios, y te veo muy mejorado, hasta escribiste esto*.

Después me seguiste a donde quiera que fuera y decías que nos fuéramos a dormir, que ya estabas muy cansado, y preguntaste mucho por tu papá. Tuviste suerte, porque cuando nos disponíamos a dormir llegó tu papá y qué feliz te mostraste al ver que te trajo una caja de colores y chicles.

Después te pedimos que te fueras a tu recámara a dormir y no quisiste, te insistimos diciéndote que Diosito, la Santísima Virgen, tu ángel de la guarda y Alejandrito estarían contigo, fue entonces cuando dijiste que mejor te lleváramos cuando estuvieras dormido y accedimos a tu petición con mucho gusto.

Otra cosa que olvidé decirte es que tu única travesurita fue de rayar con un crayón rojo la máquina de coser y un vidrio de la ventana.

*No hay referencia a lo que escribí.

Julio de 1979

Tres años de edad.

Ay hijito, cómo se estremece mi alma al pensar que a estas primeras lágrimas de tus divinos ojos las seguirán muchas más, tal parece como si tu carita, bañada por esas perlas, tuviera algo de divino, algo místico, que reclamara cariño.

El murmullo de amor que escucho en tu llanto, sé que otras veces será de dolor, y que por deseo nuestro muchas veces se acaba en un instante; deseo con toda el alma que cuando sea de dolor tengas a tu lado una mano amiga que seque tu llanto y una palabra de consuelo que mitigue tu pena, y, muy cerca de ella, la presencia del Señor para consolarte también.