31 de agosto de 1979
Tres años de edad.
Me estaba bañando cuando entraste al baño y me dijiste, —mamá, estaba dormidito y entró la señorita Alicia con Alejandrito bañadito y me dijo, —Juan Jacobo, ¿te quieres bañar? mira a tu hermano, ya se bañó. Y por eso vine, para que me bañe. Al estarte enjuagando cerraste la llave que porque ya se estaba terminando la caliente y querías guardarle a tu papá.
Llegamos a Abasolo, como tu obsesión es que te compren más carritos fue lo primero que viste y tomaste un paquete, te dije que estaban muy grandes para tu carro y los dejaste, después papá estaba almorzando y seguías con la idea de los carros, te explicamos que no había cambio y tampoco entendiste al salir de ahí, continuaste con la tentación de que fuéramos a comprarlos porque ya traíamos cambio.
Fui a la tienda y pediste que te comprara dos lápices y como no oíste que los pidiera, varias veces me dijiste, —mamá, ya pídalos, y tuve que hacerlo ante tu insistencia.
Que contento venías con dos carritos que compramos, dos sillitas que tomaste (las pagué después) y cuatro soldaditos. Cuando tu hermano le quitó las rueditas le pegaste y él te mordió.
En la casa pediste el carro grande que hicimos ayer para pegarle los chiquitos; después de diez minutos ya lo pediste para ver si se había secado; al ver que no te lo dábamos, fuiste con tu papá y nos dijo que te lo diéramos y así lo hicimos, pero enseguida te enojaste con Alejandrito porque los dos lo querían, lo jalaban uno y otro; al verlos así, tu papá sacó el carrito de pilas y entonces sí, rápidamente, le dijiste a tu hermano que le dabas ése, para prender el otro.
Es raro que no me hayas hecho caso al estar hablándote, hasta después que llegaste me preguntaste que para qué te quería y te dije que para que me ayudaras a pelar unas papas, pero ya lo había hecho yo y te pusiste muy triste; comprendiendo tu actitud, desapareció mi enojo y más cuando me dijiste que te diera más, que sí las pelabas. Lo que hice fue darte las que tenía ya peladas para que las partieras y con qué gusto lo hiciste.
Después estuvo jugando tu hermano con el carrito de pilas, se lo pedías para guardarlo porque decías que estaba muy caliente y tu papá te dijo que se lo dejaras y más tarde lo llevaste a donde yo estaba y me dijiste, —mire mamá, está calientísimo y Alejandrito no me lo quería dar pero ya lo voy a alzar; qué enojado estabas porque no le podías quitar las pilas, ya querías llorar, cuando vino tu papá y te dijo que se las quitaras despacio y hasta le sonreíste.
Te pidió tu papá la grabadora y no lo hiciste al momento, sino después, y le pediste que grabaran, y sin que te lo pidieran, comenzaste por rezar el Padrenuestro, después puso tu papá el cassette donde está grabado el bautismo de Alejandro y con cuánto interés lo oyeron.
Cuando se fue a su casa la señorita Alicia, no quisiste ir a caminar y te fuiste con tu papá porque querías ir a la bodega, hasta le dijiste que yo ya sabía subirme a las pacas, pero como sé que me hace falta el sol y caminar, preferí irme con ella y ustedes se fueron con tu papá; ya que regresé me dijiste que sí ibas a ir con nosotras pero ya ni modo.
Recogió tu papá unos huevos de la bodega y como has visto que la niñas del señor Félix desde lo alto los dejan caer, así lo hiciste y rompiste uno.
Viste que me fui a coser en la máquina y me dijiste que le hiciera una faldita a tu hermanita que Dios te va a mandar, y un vestidito; me llevaste hilo amarillo para que le bordara a una camisita y te mostré como enhebraba por debajo de la costura, pero seguiste insistiendo y tuve que dejarla así porque no se pudo bordar.
Después pediste que ensartáramos una aguja de mano para bordar una sábana y sí le cosiste algo, pero no está bien; aún no pueden esas benditas manos hacer lo que desean, aunque para nosotros construyen ya un universo de amor y de paz.
Otra vez me sentí muy cansada y te pedí que cuidaras a Alejandrito mientras me dormía un rato*, pero contestaste que no me durmiera, que mejor hasta que tu papá terminara de ordeñar, porque querías que estuviera con ustedes; después llevaste la olla para la leche, pues ya se me había olvidado, y al regresar dijiste que se la habías dejado a tu papá.
Llegó pronto tu papá de ordeñar y le pedí que por favor los cuidara para dormirme un rato y me dijo que sí, que no me preocupara, y fuiste a decirme que no se tardaban, que le iban a dar de comer a los puerquitos. Al regresar llegaste contento y me dio gusto ver que tu papá te enseñó a restar en el ábaco reloj y cuánto interés pones en ello y que ya conoces los primeros números.
Se fue a su reunión tu papá y te pedí que le dijeras que nos comprara aceite porque ya no hay, pero tu carrera fue inútil porque no lo alcanzaste, y muy desilusionado y lentamente llegaste y me dijiste, —Por más que corrí se alcanzó a ir papá, ya ni modo.
Me ayudaste a escoger los frijoles, después los lavaste y ya los ibas a poner en la olla, pero lo hice yo, porque los podías tirar.
Al terminar de cenar, me pediste que nos fuéramos un momento a la recámara porque tenías sueño y que después regresábamos otra vez a la cocina.
Ya que rezaste, me enseñaste que Alejandrito rayó en un dibujo que habías hecho; al decirte que después le borraba, me recordaste que era con pluma y que eso no se podía borrar y enseguida te dormiste.
*En diez días nacería mi hermana.
