31 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Me estaba bañando cuando entraste al baño y me dijiste, —mamá, estaba dormidito y entró la señorita Alicia con Alejandrito bañadito y me dijo, —Juan Jacobo, ¿te quieres bañar? mira a tu hermano, ya se bañó. Y por eso vine, para que me bañe. Al estarte enjuagando cerraste la llave que porque ya se estaba terminando la caliente y querías guardarle a tu papá.

Llegamos a Abasolo, como tu obsesión es que te compren más carritos fue lo primero que viste y tomaste un paquete, te dije que estaban muy grandes para tu carro y los dejaste, después papá estaba almorzando y seguías con la idea de los carros, te explicamos que no había cambio y tampoco entendiste al salir de ahí, continuaste con la tentación de que fuéramos a comprarlos porque ya traíamos cambio.

Fui a la tienda y pediste que te comprara dos lápices y como no oíste que los pidiera, varias veces me dijiste, —mamá, ya pídalos, y tuve que hacerlo ante tu insistencia.

Que contento venías con dos carritos que compramos, dos sillitas que tomaste (las pagué después) y cuatro soldaditos. Cuando tu hermano le quitó las rueditas le pegaste y él te mordió.

En la casa pediste el carro grande que hicimos ayer para pegarle los chiquitos; después de diez minutos ya lo pediste para ver si se había secado; al ver que no te lo dábamos, fuiste con tu papá y nos dijo que te lo diéramos y así lo hicimos, pero enseguida te enojaste con Alejandrito porque los dos lo querían, lo jalaban uno y otro; al verlos así, tu papá sacó el carrito de pilas y entonces sí, rápidamente, le dijiste a tu hermano que le dabas ése, para prender el otro.

Es raro que no me hayas hecho caso al estar hablándote, hasta después que llegaste me preguntaste que para qué te quería y te dije que para que me ayudaras a pelar unas papas, pero ya lo había hecho yo y te pusiste muy triste; comprendiendo tu actitud, desapareció mi enojo y más cuando me dijiste que te diera más, que sí las pelabas. Lo que hice fue darte las que tenía ya peladas para que las partieras y con qué gusto lo hiciste.

Después estuvo jugando tu hermano con el carrito de pilas, se lo pedías para guardarlo porque decías que estaba muy caliente y tu papá te dijo que se lo dejaras y más tarde lo llevaste a donde yo estaba y me dijiste, —mire mamá, está calientísimo y Alejandrito no me lo quería dar pero ya lo voy a alzar; qué enojado estabas porque no le podías quitar las pilas, ya querías llorar, cuando vino tu papá y te dijo que se las quitaras despacio y hasta le sonreíste.

Te pidió tu papá la grabadora y no lo hiciste al momento, sino después, y le pediste que grabaran, y sin que te lo pidieran, comenzaste por rezar el Padrenuestro, después puso tu papá el cassette donde está grabado el bautismo de Alejandro y con cuánto interés lo oyeron.

Cuando se fue a su casa la señorita Alicia, no quisiste ir a caminar y te fuiste con tu papá porque querías ir a la bodega, hasta le dijiste que yo ya sabía subirme a las pacas, pero como sé que me hace falta el sol y caminar, preferí irme con ella y ustedes se fueron con tu papá; ya que regresé me dijiste que sí ibas a ir con nosotras pero ya ni modo.

Recogió tu papá unos huevos de la bodega y como has visto que la niñas del señor Félix desde lo alto los dejan caer, así lo hiciste y rompiste uno.

Viste que me fui a coser en la máquina y me dijiste que le hiciera una faldita a tu hermanita que Dios te va a mandar, y un vestidito; me llevaste hilo amarillo para que le bordara a una camisita y te mostré como enhebraba por debajo de la costura, pero seguiste insistiendo y tuve que dejarla así porque no se pudo bordar.

Después pediste que ensartáramos una aguja de mano para bordar una sábana y sí le cosiste algo, pero no está bien; aún no pueden esas benditas manos hacer lo que desean, aunque para nosotros construyen ya un universo de amor y de paz.

Otra vez me sentí muy cansada y te pedí que cuidaras a Alejandrito mientras me dormía un rato*, pero contestaste que no me durmiera, que mejor hasta que tu papá terminara de ordeñar, porque querías que estuviera con ustedes; después llevaste la olla para la leche, pues ya se me había olvidado, y al regresar dijiste que se la habías dejado a tu papá.

Llegó pronto tu papá de ordeñar y le pedí que por favor los cuidara para dormirme un rato y me dijo que sí, que no me preocupara, y fuiste a decirme que no se tardaban, que le iban a dar de comer a los puerquitos. Al regresar llegaste contento y me dio gusto ver que tu papá te enseñó a restar en el ábaco reloj y cuánto interés pones en ello y que ya conoces los primeros números.

Se fue a su reunión tu papá y te pedí que le dijeras que nos comprara aceite porque ya no hay, pero tu carrera fue inútil porque no lo alcanzaste, y muy desilusionado y lentamente llegaste y me dijiste, —Por más que corrí se alcanzó a ir papá, ya ni modo.

Me ayudaste a escoger los frijoles, después los lavaste y ya los ibas a poner en la olla, pero lo hice yo, porque los podías tirar.

Al terminar de cenar, me pediste que nos fuéramos un momento a la recámara porque tenías sueño y que después regresábamos otra vez a la cocina.

Ya que rezaste, me enseñaste que Alejandrito rayó en un dibujo que habías hecho; al decirte que después le borraba, me recordaste que era con pluma y que eso no se podía borrar y enseguida te dormiste.

*En diez días nacería mi hermana.

30 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Sólo a un inocente como tú se le ocurre jugar tanto y hacernos participar de él precisamente al desayunar, ya que todo lo que a tu boquita llegaba tenía que ser en forma tan significativa como en este caso en el que decías que te diera en forma de avión y cuántas y cuáles personas viajaban en él, después un helicóptero, una nave espacial, un barco, etc. y así hasta que terminaste.

Traías unas partes del unicel en el suelo y para que no molestara ese ruido, tuve la idea de hacer de él un carrito y estuviste buscando rueditas; lo que encontró tu hermano fue más de lo imaginado, ya que tiene no sólo las llantas sino una plataforma de madera más alargada que facilitó colocar encima el unicel, se lo mostré a tu papá e hice el comentario que quedarían bien unos carros pequeños y soldados sobre el unicel. Como está enfermo tu papá, decidió ir al doctor y quisiste ir con él, a la vez que hiciste el comentario que comprarían tus carritos. Qué feliz llegaste con ellos, comentó tu papá que sólo te compraría tres, pero tú le dijiste que mejor cinco, y al terminar de colocarlos te mostraste muy complacido y un poco desesperado cuando lo alzamos mientras se secaba, cada momento preguntabas si ya se había secado.

Iba caminando por el corredor y me alcanzaste sólo para darme un beso, cuánta alegría regalas en un momento y sin darte cuenta vas llevando a nuestro corazón un cúmulo de satisfacciones.

A la hora de comer se repitió exactamente el juego de esta mañana, te aseguro que lo hicimos con mucho gusto.

Te ofrecí un mango y lo aceptaste, pero al ver que tenía unas manchitas dijiste que mejor otro porque ese estaba quemadito y te expliqué que se le quitaba con la cáscara y te lo comiste.

Te di también un pedazo de naranja y después llegaste con otra y un cuchillo, para que te la partiera; de momento te fuiste al escuchar que despertó tu hermano y cuando llegué a la cocina le estabas preparando agua de limón y se la llevaste corriendo.

Como ya no se durmió Alejandro llegó hasta donde estábamos y con mucho cariño le ofreciste naranja y le dijiste aquí estamos; más tarde traías un librito de los que iluminas y con ese mismo cariño le explicabas qué dibujos tiene.

Estaba haciendo las cartulinas para tu libros y fuiste a verlas y me dijiste que estaban muy hermosas.

Fuimos a la bodega y me pediste que me subiera, pero me sentí un poco preocupada al ver la forma en que te dejas caer de las pacas más altas y en una ocasión caíste muy cerca de tu hermano; estoy ahora contigo pero otra ocasión que vayas solo y no tengas cuidado, es lo que pienso ahora.

Tu papá nos invitó a caminar y comentaste que a Lucy no la llevábamos, después dijiste que sí, que los llevábamos a todos.

Pediste el carrito que hicimos y que no lo destruías, también te dimos los dulces que pediste al darte el carrito, les pusiste a los carros más chicos, creíste que no me había dado cuenta porque se volteó y dijiste: —ya se despegó un carrito, hay que arreglarlo porque mamá se va a enojar.

Me pediste un tamal de los que nos dio la mamá de Luz y por estar brincando en la arena se cayó, me pediste que lo enjuagara y te lo comiste, entraste a cenar pero después que estábamos rezando jugaste un poco brusco con tu hermano y lo hiciste llorar, seguiste muy inquieto pero sólo un momento porque pronto te dormiste.

29 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Qué hermoso acto tuviste al comenzar esta mañana, me diste un besito en cuanto me viste, porque dormiste desde la una con nosotros, ya no es raro, ¿verdad?

Los dos rezaron conmigo, pero hoy no lo hiciste con devoción.

No querías que jugáramos a leer en el comedor porque no había sol, preguntaste que por qué estaba nublado, y ya que te expliqué, aceptaste jugar allí.

Estabas iluminando con mucho interés, pero ahora lo hacías en dibujos que tú mismo hiciste, después me enseñaste a Alejandrito (lo dibujaste). También dibujaste una novia sin manos.

Cuando fuimos a caminar querías una muñequita (les dices así a los jilotes que aún tienen los cabellitos rojizos, de elote) y no se veían ya, porque ya casi todos son elotes; te dijimos que mejor mañana, primero Dios, pero seguiste insistiendo y fue a buscarte uno la niña del señor Félix y no lo quisiste porque estaba muy chiquito y con cabellitos aún blancos.

Cuando regresamos querías comer pero por ir a quitar la ropa me olvidé de calentar la comida y de lejos vi que algo estaba prendido en la estufa, te pregunté qué sería y me dijiste que eran tus tortillas y entramos, pero ya estaban completamente quemadas, calentamos otras y cenaste, después viste que cocimos elotes y también comiste, hice huevo para tu hermanito y para sorpresa mía volviste a comer, después un poco de choco milk con pan, ojalá no te haga daño.

Me sentí muy mal esta noche, tuve la sensación de que me iba a caer y nos salimos rápidamente de la casa y te expliqué* que si me sentía muy mal le hablaras a la señora del señor Félix, y traté por todos los medios de controlarme y le pedí a Dios que me ayudará, más que por mí, por tu carita tan asustada, después dijiste algo que me llenó de alegría a la vez que me desconcertó, dijiste que rezáramos para que me compusiera y te dije que sí, pero seguí recogiendo lo más indispensable y otra vez me dijiste que nos fuéramos para que descansara. Parece, chiquito adorado, que fueras ya una persona mayor que descubriera qué es lo más necesario en mi caso**.

Con esperanza de que un poco de alcohol me hiciera reaccionar un poco más, lo estuve buscando y me ayudaste; al ver que lo encontramos, al igual que yo, te pusiste muy contento porque ya te había dicho que era bueno para que se quitara lo mareado que tenían las personas; poco después comenté que me sentía mal otra vez y rápidamente abriste el alcohol, hasta se cayó la tapadera por la rapidez con que lo hiciste, y cada momento preguntabas que cómo me sentía, un instante me quedé tan pensativa que preguntaste que qué estaba pensando y te dije que ya me sentía mejor y tu respuesta fue que gracias a Dios.

Al oír que llegó tu papá nos fuimos los tres a esperarlo a la puerta y decirle lo que me pasaba.

Qué gracioso fue verte abrir un paquete de pan y comer la mitad de uno, pues ya habías comido demasiado. Más tarde te dormiste.

*Siempre he recordado muy bien esa escena, tal vez sea de mis primeros recuerdos de niño. Recuerdo que era de noche, que hacía un poco de calor, y mamá estaba sentada en el piso, afuera de la casa, dándome instrucciones. Yo estaba muy asustado. Encontrarme con este texto y transcribirlo ha generado en mí una sensación muy particular.

**Mamá tenía más de ocho meses de embarazo de su tercer hijo.

28 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Llegaste a la cocina cuando estábamos desayunando y no nos querías saludar y al decirte que te comieron la lengua los ratones nos la enseñaste y nos saludaste.

Con el fin de que te diéramos pasitas, sí desayunaste. Al ver que se fue tu papá con tu hermano dijiste que nos habíamos quedado muy solitos.

Leíste muy bien tus palabras y me siento muy contenta. Por tu voluntad comenzaste a iluminar y, aunque no lo hiciste muy bien, ya se advierte el deseo que tienes por hacer algo de provecho.

Al darte cuenta que vino tu hermano a que lo persignara, me dijiste que también rezara con él y al hacerlo, volviste a rezar.

Es raro oírte llorar porque te bañan, ya que te agrada la hora del baño, más bien es el estado de ánimo que quedó en ti al caerte hace unos momentos, cuando ibas corriendo te dije que no te fueras a caer, pero ya era tarde, porque precisamente en ese momento te caíste y qué fuerte sonó tu cabecita y cómo lloraste, tanto, que ya no te querías bañar.

Eres tan listo e inteligente que nuestros planes de esta noche al querer dejarte en la casa cuando asistiéramos a la santa misa no fueron posibles, te dijo tu papá que iba a darles de comer a los puerquitos, que te arreglaras y después pasaba por ti, y al entrar a decirme, viste que llevaba mi velo y algunas cosas y me disponía a salir, se advirtió en ti tanta expectativa que echaste a correr y, no perdiendo tiempo, esperaste la más pequeña oportunidad para subirte a la camioneta; presintiendo algo así, llevé ropita para cambiarte durante el trayecto a Abasolo.

Al salir de la santa misa pediste que te fuéramos a comprar un pan de bolitas, pero al ver los dulces, preferiste una paleta y te olvidaste momentáneamente del pan.

Comenzaba una plática a la que asistimos, y en ese momento te dormiste; cómo se cansó tu papá de cargarte, pero se veía complacido porque, al igual que yo, pensábamos que estarías mejor en tu cama y no con esta incomodidad.

27 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Cuando despertaste, en ese momento, me iba a lavar y me preguntaste que si no te salías y te quedaste muy conforme.

Llegaste hasta donde estaba lavando y me dijiste que Alejandrito se quería venir conmigo y te dije que le dijeras que ya iba a terminar.

Me quisiste ayudar a buscar la palabra que hoy te enseñé pero ninguno de los dos la encontramos y la habíamos dejado en el cajón.

Te molestaste mucho porque cuando íbamos a desayunar, tu papá le lavó las manos a tu hermano antes que a ti; tanto te molestaste que hiciste que yo también me pusiera de mal humor.

Después te expliqué las consecuencias que traía tu capricho y ya estabas tranquilo. Nos fuimos a la bodega terminando de desayunar, me enseñaste hasta donde querías que subiéramos y al hacerlo me dijiste que desde allá se veía papá, me preguntaste que para qué quería todas esas pacas.

Ya que nos íbamos a regresar a la casa, me dijiste que me fuera sola, que tú ibas en cinco minutos más, pero te hice ver el peligro que tenías si te quedabas, que más tarde regresaríamos.

Llegaste a iluminar y lo hiciste muy bien, pero sólo te califiqué con un cinco, porque no pusiste mucho cuidado al hacerlo.

Cuánta obediencia manifestaste al pedirte que te quedaras en la terraza porque estaban lavando la cocina y el corredor, hasta después te fuiste donde yo estaba para pedirme dinero para comprar con un señor que viene con un burro a vender dulces, fruta, chicles, y al regresar comenzaste a repetir lo que compraste; tan pequeños eran los pedacitos de chicle que nos diste que precisamente por ello nos causó más ternura tu hermoso acto; a tu papá le guardaste una manzana a la que le diste algunas mordidas y también un pedazo de chicle muy pequeño.

Por jugar con tu hermano cuando estaba debajo de la cama, le jalabas los piecitos y él se molestaba mucho; como no entendías que lo dejaras ahí, te di dos nalgaditas, y como lloraste, indebidamente volví a hacer lo mismo y seguiste llorando, ya después te conformaste, te dije que no le pegaras a tu hermanito y yo tampoco lo haría y te tranquilizaste. Después los llamé a comer y tenían tan buena disposición de hacerlo pero desapareció al comenzar, tal vez no te gustó lo que te di y otra vez, como esta mañana, nos disgustamos por ello tu papá y yo, ya que él me reprendió por rogarles que comieran.

Otra vez fuimos a caminar y me pediste que te cortara una muñequita y al no saber exactamente a qué te referías te dije que mejor la señorita Alicia nos la cortaría y sí aceptaste. Me dijiste que si iríamos a caminar hasta las pacas de señor Roberto y te dije que estaba muy lejos, por eso me hiciste una observación diciéndome, —Mamá, ¿la señorita Alicia es una mentirosa? Al preguntarte por qué, dijiste que ella te dijo que sí iríamos a caminar hasta las pacas y te recordé la vez que fuimos y nos cansamos mucho.

Desde que viste que la señorita Alicia ya se iba, me pediste que ya nos fuéramos con ella.

Por fin sé que es una monita para ti, porque la señorita Alicia te cortó una y te dio mucho gusto y comenzaste a peinarla (es un elote con cabellitos güeros). Me pediste que fuéramos al nopalito y al llegar cambiaste de idea al ver desde ahí las pacas de señor Roberto, pero no seguimos porque venían las vacas. Me preguntaste que si también topeaban y recordaste que te llevaría a ver el nopalito, pero te dije que no alcanzaríamos a ir porque las vacas ya venían muy cerca.

Tenías sed y me pediste agua, después me pediste pasitas, nunca antes lo hacías y desde que te hicieron un pastelito el sábado, ya te gustan. Discúlpame que no te llevé a la bodega, pero quiero estudiar la forma de comenzar a hacerte tu libro que, primero Dios, leerás en unos días más.

No sé si soy yo quien te he fallado, pero ya no has iluminado ayer y hoy (muy poco).

Estuviste jugando mucho con Alejandrito, y con qué armonía y alegría, complace mucho verlos así.

Me preguntaste que si ya era la tarde y te dije que sí y fuiste a encender la televisión para ver un paraíso, por querer decir que un paracaídas. Al encenderla estaban pasando a Superman y salía una nave espacial y recordaste que era igual a la que habías iluminado, hiciste después el comentario de que por qué ahora sí pasaban cosas bonitas, lo que no me gusta que veas es cómo vuela Superman porque les gusta tanto imitar lo que ven (ustedes los niños) y ya se ha sabido que niños se suicidan inocentemente.

Después la apagaste y seguiste jugando con tu hermano. Por estar jugando con la puerta de la cómoda (donde guardamos la ropita tuya y de tu hermano), tan fuerte la abriste que se desprendió, te asustaste al ver que se rompió.

Cenaste muy rápido al ver que ya nos íbamos a Abasolo. Cuando viste el anuncio del cine iluminado te dio mucho gusto.

Al subir a la carretera, de momento no nos persignamos, y al escuchar que besaban la cruz, lo hicimos nosotros, y para estar más segura, te pedí que lo hicieras y contestaste —Ya nos persignamos Alejandrito y yo.

Fui a hablar por teléfono con mi mamá, y por no tardarme, no te compré nada como te había dicho, y sentí tristeza de verte dormido.

Por la tarde hiciste el comentario que veías muy triste a la Santísima Virgen porque no tenía flores y que ahora que le pusiste ya se veía más contenta.

26 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Sé que este hermoso día es muy significativo para todos, aparte de ser domingo, porque en tus preciosos actos dejas que así lo veamos.

Nos fuimos a Abasolo a la Santa Misa y al pasar por la panadería pediste un pan de bolitas y precisamente en la iglesia te lo estabas comiendo, sentadito en el piso (como tú sabes hacerlo, con tus piernitas dobladas hacia atrás como tu tío David). Después te llamé que te sentaras junto a mí y no quisiste, pero lo curioso fue que de la banca de adelante te habló una señora para que te fueras a sentar y ahí sí lo hiciste y con cuánta devoción estabas y tu carita más linda se veía con el pan que quedó en ella.

Al salir de la Santa Misa lo que veías de comer querías, y no queríamos darte nada para que después desayunaras, pero tu papá te compró un jugo de naranja y una gelatina y fue por eso que ya no quisiste nada cuando estábamos almorzando, lo que hiciste fue enojarte y llorar por el ábaco-reloj y para que te conformaras te dijimos que te compraríamos plastilina y te fuiste con tu papá a traerla, pero estaba cerrado, y el único lugar que después vimos abierto, para tu consuelo, sí vendían plastilina.

Cuánto me has ayudado desde que llegamos, otra vez me guardaste el mandado de la tienda, recogiste varias cosas que tenía mal puestas, después jugaste con la plastilina y estuviste iluminando. Cuando llegó tu papá en el tractor fueron a encontrarlo y trajeron huevos. Pusiste un sartencito y un huevo que traías estrellado se lo hiciste a tu papá. Después me pediste de comer y fuimos a ponerles tierra a unas plantitas y me estuviste ayudando a regarlas.

No tenías casi deseos para iluminar y sólo una página terminaste, pero la palabra que hoy te enseñamos la aprendiste muy pronto.

Nos llevó tu papá a darles de comer a los puerquitos y las yerba que quedó en la camioneta tú se las diste.

Compró unos refrescos tu papá y al ver las paletas pediste una pero tal vez no te gustó porque después me la diste; no alcanzamos a llegar a la casa cuando te quedaste dormido.

Como no ha sido posible que te llevemos a ver el mar, cada vez que llegamos a la entrada del rancho nos dices que si así es el mar.

25 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Me sentí triste esta mañana; ya que teníamos planeado ir a Irapuato y dejarte, Dios permitió que en el momento preciso que nos disponíamos a salir, despertaras, y decidí que nos acompañaras, y rápidamente fuiste por tu ropita, te preparé algo de desayunar y nos fuimos; ibas comiendo por el camino y como no rezamos en la casa lo hicimos en el camino y con qué gracia y amor dijiste a tu papá qué es lo que le de dices a Nuestro Señor todos los días: —Gracias Señor por permitirnos llegar a este bendito día, te ofrezco las obras del presente día y te pido nos ayudes a actuar conforme a tu santa y divina voluntad. Después le dijiste que rezas el Padrenuestro y el Avemaría. Llegando a Irapuato, otra vez nos preguntaste que si ahí era y te contestamos que sí.

Ya que te venías con tu papá, te dije que no le fueras a pegar a tu hermano y contestaste que no, que sólo le ibas a dar una perita. Cuántos deseos tenía de verlos y el Señor me concedió esa dicha al llegar a la casa, allí estaban esperándome; al verme me diste un besito y me dijiste que te portaste bien, que iluminaste dos páginas de tu librito (que después te califiqué), que tu hermano se portó mal y tú no, que le ayudaste a la señorita Alicia a hacer un pastel, y dices que en ese momento tu hermano le tiró todo el pastel a la señorita Alicia (por querer decir que la harina) y que hasta que iban a terminar de hacerlo le pusieron la harina y el royal.

Nos fuimos con la señorita Alicia a caminar y te caíste donde había piedras que, al lastimarte tus rodillitas, provocaron que lloraras y no pudieras caminar; de regreso me pediste que te enseñara dónde te habías caído y estaba ahí marcado y te quedaste observando un momento, tiraste en su lugar una piedra y después seguimos caminando.

Me estabas ayudando a quitar la ropa del mezquite y te caíste otra vez y te espinaste las rodillitas (qué mala suerte de ese momento) pero gracias a Dios no trae consecuencias.

Al llegar a la terraza, mientras arreglaba la tela del mosquitero, cortaste la costura que hice hoy en Irapuato de bordado, le hiciste dos agujeros.

Qué sorpresa tan agradable me diste al ver que te sabes ya la palabra de hoy.

Traje de Irapuato un ábaco-reloj y no me arrepiento de haberlo comprado como te hice saber hace un momento, sólo que no debí dárselos a tu hermano y a ti porque se han disgustado mucho porque los dos lo quieren y han llorado ya varias veces.

Fuimos a la casa de un señor que trabajó con tu papá aquí en el rancho y casi llegando te quedaste dormido.

24 de agosto de 1979

Tres años de edad.

¡Cómo comprendes ya tantas cosas! Al despertar viste que tu hermano no quería jugar con la sobrina de la señorita Alicia y me dijiste, —Mire mamá, Alejandrito le quitó a la niña el carrito y no quiere jugar con ella.

Estabas desayunando y me preguntaste por tu papá, te contesté que estaba acostado en la cama de Juan Jacobo y no te quedaste con la duda, enseguida fuiste a verlo y enseguida te saliste y seguiste desayunando.

Casi no estuviste en la casa esta mañana, te fuiste con tu papá a caminar y estuviste viendo

[Así queda cortado en el original]

23 de agosto de 1979

Tres años de edad

Qué tarde despertaste ahora, ya estaba lavando y tu papá me hizo saber que fue muy poco lo que desayunaste; enseguida llegaste, estabas desnudito, y qué delgado te vi, me dio mucha tristeza verte así, ojalá permita el Señor te restablezcas pronto.

Te hablé para que ya comenzaras a leer y no querías hacerlo, y al acercarme a ti obedeciste al momento; muchas gracias hijito por obedecer y ser tan bueno.

Estábamos jugando y pedías ser tú el jicotillo (estábamos jugando a Doña Blanca).

Cuánto iluminaste hoy, casi toda la mañana; después pediste que te pusieron números, pero sólo hiciste un solo número (dos) y después hiciste bolitas y palitos.

Comiste muy bien, tenías hambre ya que no desayunaste casi por la mañana.

Fuimos a la casa de la señorita Alicia y por todo el camino preguntaste que a dónde íbamos y no te dijimos, pero al entrar a donde vive reconociste la casa y te pusiste muy contento. Después fuiste a ver los puerquitos, como ya conoces a sus hermanas, qué bien estuviste jugando con ellas. Al ver que nos dieron unas gorditas cuando nos veníamos me las pediste para llevártelas; te las pedí otra vez para que no ensuciaras la servilleta y al ver que me estaba comiendo un pedazo, me pediste, y te comiste más de una gordita.

Al llegar fuimos a las pacas y me pediste que yo también me subiera y lo hice; con todo el candor de tu inocencia me ibas diciendo donde pisara. Te veías desilusionado al no encontrar ningún huevo.

Me fui a coser y te pedí que trajeras tus cosas para iluminar y contestaste que mejor querías verme coser, para ver la ropita de tu hermanito.

No creí que quisieras cenar, pero sí lo hiciste; gracias a Dios comes otra vez bien.

Seguí cosiendo y estuviste conmigo; al ver que tu hermano sacó un muñequito que tu papá compró en Irapuato le dijiste que no porque se lo guardarías a tu hermanito, entonces Alejandrito se puso a llorar y otra vez se lo prestaste y le dijiste que nomás un ratito.

Trajo tu papá las fotografías del cumpleaños de tu hermano y qué alegría experimentaste al verlas, tanta que no nos las querías prestar para verlas.

Los llevó a dormir tu papá y enseguida te dormiste pero fui a persignarte y te acomodé, y al disponerme a dormir abriste la puerta y me asusté mucho, intentamos convencerte para que te fueras a tu recámara pero no quisiste y te quedaste con nosotros.

22 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Despertaste de muy buen humor, buscaste tus zapatos para que te los pusiéramos, rezaste, y después, al ver que tu hermano no quiso rezar, según tú le enseñaste a hacerlo, le dijiste que dijera —Gracias Señor por permitirnos llegar a este bendito día, te ofrezco las obras del presente día.

También tú te subiste a la camioneta cuando viste que papá se iba, y al regresarnos me mostraste algunas mazorcas de milo que ya están rojizas e hiciste el comentario que ya pronto iban a venir muchas trilladoras y ser verían muy bonitas.

Viste que me iba a lavar y me dijiste que me ibas a dar la sorpresa de iluminar tres páginas. En verdad que sí me la diste porque iluminaste muy bien.

Desde hoy cuando me pidas de comer lo haré inmediatamente porque hoy lo hice después de que me pediste y ya no quisiste comer por lo cual me enfadé contigo.

Le enseñaste a papá lo que iluminaste y como si comprendieras dijiste que por qué te habías sacado un seis en un dibujo que iluminaste; ya que te explicamos por qué dijiste que el siguiente sí lo ibas a iluminar bien para sacarte un nueve.

Cuando íbamos a caminar parecían estar cerca las pacas que había en la orilla del camino y me pediste que fuéramos allá pero llegamos muy cansados y de regreso a cada momento querías descansar, ya te veías muy cansado y comentaste que otra vez que camináramos ya no íbamos a ir tan lejos porque nos cansábamos mucho; me enseñabas tu carita para que viera que te habían salido chapitas.

Comentaste que ya no querías que la señorita Alicia viniera con Lucha porque ella no jugaba contigo, que mejor trajera a otra niña.

Como si hubiera sido tu deseo cumplido por querer que viniera el señor que vende paletas, hoy vino y te dio mucho gusto.

Estábamos jugando en la sala y te caíste; te pegaste en tu cabecita pero te consolaste pronto.

Me pediste que fuera a coser, ya que me has visto coser ropita para tu hermanito últimamente, pero no me fue posible complacerte por estar haciendo otras cosas.

Cómo se enojaron tú y tu hermano, los dos querían preparar el choco milk, y lo curioso fue que también intervine y logré que cada uno realizara la mitad del trabajo para poderlo hacer, y sólo así quedaron conformes. No quisieron cenar, pero sí tomaron choco milk.

Al llegar tu papá te fuiste con él y te dormiste inmediatamente, me acerqué y, aunque no creí que contestaras, te dije que rezaras «ángel de mi guarda» y así lo hiciste.

(Una de las hojas del cuaderno correspondiente a esta transcripción está muy rayada y desprendida del cuaderno. En la parte superior dice: rayas de Alejandro y también lo rompió.)

21 de agosto de 1979

Tres años de edad

Qué tarde despertaste hijito, inmediatamente fuiste a que tu papá te cargara y al ver que estaban desayunando también tú pediste, pero comiste poco.

Estuviste iluminando mientras fui a lavar, y cuando regresé me dijiste que Conchita no quiso jugar contigo.

Hace tiempo que no jugábamos en el comedor y hoy que lo hicimos recordaste cómo jugábamos y querías que lo hiciéramos; no lo hice tal vez por comodidad, pero ya lo haremos pronto.

Te pusiste triste porque con energía te indiqué cómo iluminaras y no como lo estabas haciendo, pero después se te pasó.

Me dijiste que encendiera la televisión y que si no pasaban nada nos íbamos a comer; para tu suerte, sí había caricaturas, sólo unos momentos la dejaste y después la apagaste.

Observaste el cuadro de la Santísima Virgen que tenía las flores marchitas y dijiste que fuéramos a traerle más; me mostraste las del laurel y otras amarillas. Cuando ya estaban colocadas dijiste que la Virgencita estaba muy contenta.

No querías comer crema de chícharo y al explicarte que te alimenta bien por ser verdura, con gusto te la comiste.

Con qué entusiasmo fuiste a preparar toallas, cepillos y ropa (para todos) porque nos íbamos a bañar; para papá llevaste una playera que casi no se pone (azul), calcetines (color naranja), pañuelo (azul marino) y calzoncillos (azules). Para ti, suéter (azul), chamarra (café) y playera blanca. No combinaba ningún color. Fuiste a la cocina y me preguntaste que dónde estaban los pantalones de papá porque no los encontrabas, tampoco mis vestidos, y te dijimos que iríamos nosotros a prepararlos, pero seguiste buscándolos.

Me pediste de cenar muy pronto porque tenías hambre y después preparaste Choco Milk.

Comentaste que cuántas cositas te compraría papá en Abasolo y te expliqué que deberíamos ir primero a la iglesia y al salir te compraríamos lo que quisiéramos, que siempre fuéramos primero a ver a Dios y después Él nos daría lo que quisiéramos.

Qué pronto te dormiste, estabas demasiado molesto antes de entrar a la iglesia porque tu papá te quitó el calibrador, ya después pensamos que pudo haber sido tu disgusto por el sueño que tenías.

Despertaste cuando ya veníamos de Abasolo y no quisiste quedarte en tu recámara y lo hiciste con nosotros, pero cuando te dije que tu hermanito lloraba mucho por estar solo, te fuiste con él a las dos de la mañana.

20 de agosto de 1979

Tres años de edad

Perdóname hijito porque otra vez cometí una injusticia contigo: cuando te pasaste con nosotros a las tres y media de la mañana te hice regresar a cerrar la puerta y por el colchoncito para que te quedaras en el suelo, lo que hiciste fue llorar; despertó tu hermano y más aumentó mi coraje y te llamé mucho la atención, casi al momento me arrepentí de mi impulso pensando en cuánto te podía perjudicar mi actitud, perdóname pequeñito, perdóname.

Cuando despertaste recogiste tu colchoncito y la colcha con la que te cobijaste.

Me extrañó que enseguida te pusiste a iluminar, pero cuando llegó tu papá te fuiste con él a desayunar y al escuchar que iba para Abasolo me pediste que te arreglara, todavía habló contigo para hacerte comprender que te quedaras y no aceptaste.

Te pregunté cuando llegaste que qué te habían comprado y contestaste —Mmm, nomás unos chicles en la farmacia.

Seguiste iluminando y me pediste de comer pronto; cuando llegó tu papá te invitó a comer y le dijiste que ya lo habías hecho, pero sí rezaste con nosotros.

Cuando fuimos a caminar, con qué insistencia me pedías que ya nos fuéramos, y al ver que nos regresaríamos pronto, me pediste que fuéramos hasta donde estaba un nopal.

Tal vez te acordaste que una ocasión encontramos al paletero y me preguntaste que por qué ya no vendrá y te dije que porque ha llovido y contestaste —Y va a llover mucho todavía? Y estábamos comentando eso cuando me enseñaste con asombro que ya venía tu hermano a encontrarnos y me dijiste que cantáramos Los tres cochinitos.

Estaba hablándote Armandito* y no querías ir, después te dije que él quería jugar contigo y fuiste, lo curioso fue que después no te querías venir, lo hiciste hasta que te expliqué para qué te quería, te viniste y me dio gusto que recogiste la ropa que había lavado y venías con ella.

Después me comentaste que le ibas a regalar a Armandito una televisión porque te dijo que teníamos dos.

(En esta parte del manuscrito hay unos garabatos míos que no dicen nada y al lado una nota de mamá que dice: anotaste esto según tú para ayudarme a escribir)



Te arreglé para ir a Abasolo y como no te gustó el pantaloncito que te puse, te pusiste otro encima. Como tu papá no venía por nosotros, cada momento te asomabas para ver si venía, después me llamaste para que viera que ya venía pero era la luz de tu tío Javier, y al decírtelo te pusiste triste.

Cada momento me llamabas para decirme que hiciera Choco Milk, que ya habías preparado todo. No te lo hice porque estaba leyendo y sé que debí de hacerlo porque tenías deseos de tomarlo.

No rezaste esta noche porque te dormiste enseguida.

*Niño del rancho

19 de agosto de 1979

Tres años de edad

Qué docilidad hay en ti para dejarte arreglar, estás tan cansadito aún, no puedes despertar bien y por eso te vestí casi dormido. Ya que supiste que íbamos a Irapuato, fuiste a la cocina para desayunar pero no lo hiciste porque era muy pronto y ya nos íbamos a Irapuato. Estuvimos dos horas y media en Abasolo, mientras arreglaban la camioneta; en ese tiempo fuimos a telégrafos, estuviste muy atento para ver si pasaba tu papá y como no lo hizo nos fuimos caminando; al pasar por la panadería me dijiste que te comprara un pan con bolitas y te lo comiste llegando a la camioneta, ya te veías cansado de tanto caminar.

En Irapuato pediste a tu papá que te comprara cuadernos para iluminar. Venías de la mano de los dos y tan fuerte te impulsaste para jugar con nosotros que te caíste y te pegaste en tu cabecita.

Te daba tu papá un durazno grande y no lo quisiste, dijiste que querías uno más chiquito.

Compramos ropita para tu hermanito y venías muy contento de verla. Me hiciste sentir triste cuando preguntaste que por qué no habíamos traído a tu hermano, te dormiste y al llegar a la casa despertaste. No creí que quisieras comer, pero lo hiciste, y muy bien.

Te dio mucho gusto ver a tu nonno y estuviste con él.

Cuando fuimos a Abasolo te fuiste con tu papá a hablar por teléfono.

Hiciste que rezáramos porque ya tenías sueño y enseguida te dormiste.

18 de agosto de 1979

Tres años de edad

Tal vez por evitar que me molestara quisiste desayunar, pero no tenías apetito y sólo comiste un poco, te agradezco tanto ese sacrificio, que sólo le pido al Señor te permita ser siempre comprensivo.

Al final de la Santa Misa me pediste que te persignara y también rezaste.

En Abasolo, cuando compramos la verdura y la fruta que faltaron ayer, me decías, —ahora qué pongo mamá? Y rápidamente lo hacías para seguir ayudándome, sólo unos chiles no te los pedí porque ya llevaba, y el señor nos los regaló; después pediste una gelatina y cuando la probaste ya no la quisiste. Al ver el expendio donde venden jugos dijiste que querías un jugo de naranja.

Fuiste con tu papá a comprar tortillas y se las pediste y te veías ya cansado. Se adelantó un poco tu papá y al no verlo te asustaste pero estábamos cerca de ti, ya cuando nos viste te reíste y viniste corriendo.

Venías en el asiento de atrás cuando ya íbamos para la casa, escuchamos a tu hermano con gritos de alegría, entonces, al verlo, ya tenía chicle sobre el asiento y eso te causaba gracia. También tu comenzaste a hacer lo mismo y al explicarte por qué no lo deberías de hacer nos obedeciste y lo despegaste.

Me ayudaste mucho en la casa, lo primero que hiciste fue guardar lo de la tienda.

Me dijiste, —qué cree mamá, no hemos iluminado, e inmediatamente trajiste tus libritos y colores, y aunque sólo dos páginas iluminaste, lo hiciste con mucho gusto, al estarlo haciendo me viniste a avisar que tu hermano había hecho una travesura, había hecho del baño en tu recámara.

Después me pediste permiso de salir a jugar y te dije que lo hicieras pero que te cuidaras y te pusieras tus botas; después de un tiempo volviste muy angustiado y llorando diciéndome que te dio miedo porque las niñas del Señor Félix te habían dejado solo; te recostaste junto a mí y te quedaste dormido, pero al llegar tu papá oíste su voz y despertaste y te viniste a comer.

Otra vez querías mole y al ver que no había, comiste lo que te ofrecimos. Llegó tu nonno y saliste rápidamente para estar con él y cuando fui a verte, sólo tú lo acompañabas y me dijo que no querías platicar con él.

Después lo seguiste y estuviste jugando en la arena; como la regabas por venirte resbalando, te dijo tu papá que te bajaras, pero no quisiste y tuvo que pegarte con un cable chico y tal vez te lastimó la manita porque me enseñabas que viera qué colorado te había dejado.

Estuviste viendo el arcoiris y diciéndome los colores que tiene. Para que olvidaras que tu papá te había pegado, te dije que les llevaras unas hojas a las becerritas y no querías, pero ya después te volví a decir que se las llevaras y contestaste que ya se las habías llevado.

Fuimos a llevarles a tus tíos Javier y Martha unos elotes y estuvieron jugando tu hermano y tú con Esmeralda, y cuando ya eran 9.30 nos fuimos con tu papá y decías que tenías frío y nos venimos. Te dormiste muy tarde y tuve que llevarte cargando a tu recámara, porque momentos antes quise dejarte y contestaste que otro ratito con nosotros y que después te trajéramos.

17 de agosto de 1979

Tres años de edad

Al despertar, como dormiste con nosotros, te pregunté si deseabas bañarte, contestaste que no, y más tarde (8.30) fuiste para que te bañara, ya cuando salí del baño habías desayunado con tu papá.

Otra vez muy temprano comenzaste a iluminar, y como hoy no estuve indicándote qué colores utilizaras, hiciste combinaciones muy graciosas.

Me fui a lavar y querías ir conmigo, pero al decirte que te quedaras con tu hermano para que no se saliera, dudaste, pero después te quedaste con él y en el fondo me agrada que seas comprensivo.

Desde muy temprano me pediste de comer y hasta las tres de la tarde lo hice, comiste muy bien, comentaste que ya estabas muy cansado de iluminar y te fuiste a jugar, después me pediste permiso de salir a buscar huevos y te dije que poco tiempo y regresaste pronto.

Después fuimos a caminar y me pediste que te cargara para poder ver bien todo el sorgo, al llegar a la orilla donde comienza a ponerse rojizo otra vez me pediste que te cargara y preguntaste que cuándo venía la trilladora y te expliqué que todavía faltaba tiempo para ello.

Me extrañó que a pesar de haberte comido dos elotes, me pidieras un sandwich cuando llegamos de caminar. Venías tan cansado que comentaste que no volverías a caminar porque te habías cansado mucho, te habían picado los moscos y hacía mucho calor.

Traías unas flores y venías cortándoles los tallos para que estuvieran parejas y como no podías querías hacerle con tu piecito y me dio tristeza y te dije que mejor yo les cortaba con las tijeras.

Cuando íbamos a caminar querías cantar «Las cinco vocales» en un mezquite, y tan cansado venías que ya no te acordaste siquiera.

Pusiste las flores en agua y no quisiste que tu hermano se las llevara, fuiste tú quien se las llevó a la Virgen.

Has estado muy inquieto, por lo que he buscado la forma de distraerte y tal vez has notado que a tu hermano, a ti y a mí, nos agrada recordar que una personita más vendrá a esta casa y me has pedido que vayamos a ver los pañalitos.

Seguiste muy molesto, pero sólo un momento, porque después hubo pasividad en ti por el sueño que tienes y me ayudaste a preparar choco milk, después rezaste y me dijiste que viera tus ojitos, por el sueño que tenías, y no tardaste en dormirte.

16 de agosto de 1979

Tres años de edad

Me ayudaste a recoger la recámara y pediste de desayunar casi en seguida que te levantaste.

Estabas desayunando y como no terminaste fui a ver por qué no venías y te encontré con tus ojitos llenos de lágrimas y dijiste que tú papá te había pegado y tan triste estabas que te cargué y te llevé con él; como no te conformabas te llevé a caminar.

Prendió unos cuetes tu papá en el sorgo y te sobresaltabas mucho cuando tronaban y ya no querías que prendiera más.

Al llegar a la casa me fui a lavar y me pediste permiso para ir a las pacas a buscar huevos y te dije que mejor le ayudaras a la señorita Alicia en la cocina, pero no lo hiciste porque después llegaste de la bodega.

Estabas iluminando y al verme preparar de comer me recordaste que no te estaba haciendo mole como te prometí el día de ayer; inmediatamente cambiaron mis planes respecto a lo que estaba haciendo y te hice el mole. Me da gusto ver que valió la pena complacerte pues comiste muy bien.

Estuviste jugando con tus primos y estoy contenta porque trajeron un libro que olvidé en su casa hace aproximadamente un mes (de él te estoy enseñando a leer), ya nos habíamos atrasado en tus enseñanzas por no tenerlo.

Me has dicho desde esta mañana que encienda la televisión para ver los muñequitos (así les dices a las caricaturas) y al ver que ya no pasan lo que deseas prefieres apagarla.

Fuiste con tu papá a Abasolo y regresaste dormido y despertaste hasta las seis y media de la tarde.

Seguiste jugando con tus primos hasta que te cansaste; llegaste donde yo estaba diciéndome que te habían dado rompope.

Como dormiste tanto en el día, hasta las 12 de la noche te volviste a dormir.

15 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Tal vez sentías todavía sueño esta mañana, porque al estar rezando preferiste hacerlo acostado. Sabiendo que con tu inocencia vale ante Dios todo lo que con amor le digas, te dejé que siguieras rezando así.

Fuiste al baño y te lavaste tus manos, después me pediste de desayunar, y al llegar a la cocina acercaste unos huevos a la estufa y cuando te pregunté que cómo querías que te hiciera uno, contestaste que los habías llevado para que le hiciera a Alejandrito y que a ti te hiciera un sandwich.

Te fuiste después a iluminar, pero muy poco tiempo, porque dijiste que te cansabas. ¿Sabes qué iluminaste? Un dibujo que tú mismo hiciste.

Qué respetuoso eres, sabes que cuando escribo prefiero estar sola y estabas buscándome, cuando me encontraste quizá te tranquilizó saber que estaba cerca de ti porque al verme sonreíste y otra vez te saliste y cerraste la puerta. Estaba lavando y escuché que lloraba Alejandro, después me dijeron que tú le pegaste.

Me asomaba de vez en cuando a la recámara donde te quedaste y estabas iluminando. Cuando regresé, otra vez le pegaste a tu hermano porque él no le quiere prestar unos dados a la niña que está jugando contigo. En un costal había juguetes y todos los vaciaste y con qué imaginación hiciste con todos ellos una casita.

Ya regresaba de lavar cuando tú, por el lado opuesto de la casa, saliste a buscarme, y al no encontrarme te regresaste, y al verme te reíste mucho.

Fuimos a cortar flores para la Santísima Virgen y con qué alegría las llevaste hasta donde estaba la bendita imagen.

Cuánto capricho hiciste cuando comiste, te explicamos que no había mole ni chilaquiles, que fue lo que pediste para comer, al ver que no comprendías por qué no te dábamos, nos hiciste enojar y estuviste llorando; ya que estuviste más calmado te comiste un huevo y un aguacate.

Cuando fuimos a caminar, con qué cariño le hablaste a tu hermano, le decías que no se fuera a espinar y para que no llorara seguiste diciéndole con mucho cariño que íbamos a cortar florecitas. Al oírme decirle a tu hermano que parecía que estaba el paletero, me desmentías diciendo, —ay mamá, no es el señor de las paletas, es Lucy.

Me pediste por segunda vez desde siempre que te encendiera la televisión y tuve que estar tratando de explicarte lo que me preguntabas acerca de lo que veías. Ya que terminaron las caricaturas tú mismo la apagaste. En un comercial, un niño tomaba Milo y por eso me pediste que te hiciera Choco Milk; sólo medio vaso te tomaste porque dijiste que le ibas a guardar a tu papá y a Alejandro. También llevaste varios huevos porque querías que sobrara para ellos.

Con qué rapidez te vistes ya, bueno, también yo lo hice de ayudarte porque íbamos con tu papá a visitar a la Santísima Virgen. Te ibas a dormir pero te dije a dónde íbamos y ya no lo hiciste. Como siempre, parece que se ponen de acuerdo tú y tu hermano, comenzaron de inquietos en la iglesia y los llevé afuera; te expliqué que allí deberías de portarte bien y así lo hiciste, después tú mismo me pediste que volviera a cantar «que Viva mi Cristo» y rezaste. Al salir, te mojaste; después te estabas comiendo una tortilla y te quedaste dormido.

14 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Pediste de desayunar muy temprano, tú mismo te lavaste las manos y comiste bien.

Ahora sí iluminaste desde temprano, lo has hecho muy bien. Estuviste jugando con él, lo hiciste llorar porque fuiste brusco con él (con Alejandrito).

Me fui a lavar y me dijiste que sí me esperabas, pero a cada momento salías y nuevamente entrabas a la casa, hasta que por fin te quedaste conmigo y me estuviste ayudando a lavar y de regreso terminé de hacer de comer y me pediste que ya te sirviera porque tenías hambre pero comiste muy poco.

Estuviste iluminando después de que comiste, pero al llegar tu papá a comer, nos acompañaste en la mesa y volviste a rezar. Otra vez hiciste llorar mucho a tu hermano porque no quería dejarte sentar en la silla que estaba junto a la de tu papá.

Te fuiste a jugar con las niñas* a las pacas y te llamé pero no quisiste venir; hasta que ya viste tus zapatos tan sucios y tu ropa, regresaste, y cuando ibas a entrar te dije que te salieras, que así de sucio no te quería y te quitaste los zapatos y tobilleras para poder entrar y rehuías acercarte donde yo estaba, presintiendo tal vez que te llamaría la atención.

Después de un rato volviste a iluminar y no sé si te desesperaste pero tiraste todos tus cuadernos y lápices al suelo y al pedirte que los recogieras no quisiste, hasta que después te los levantaron.

Te pedí tus zapatos para arreglarte y no los quisiste traer, y aunque estaba lloviendo, casi te exigí que fueras por ellos; desde lejos estuve viendo de dónde los sacabas y los habías escondido debajo de la camioneta, entraste mojado de tu ropa, otra vez con tu cara triste por ver tus zapatos así, y para que comprendieras un poco, te expliqué que por eso no quería que te fueras al lodo, y sin que me diera cuenta, los llevaste al lavadero y ahí los estabas lavando por dentro, ya tenían mucha agua cuando entré y entonces ya no te regañé, al contrario, sentí tristeza de verte tan preocupado, te pedí periódico para secarlos por dentro y al mojarse el periódico, los estabas secando en la cocina con una servilleta, por lo que al verme, inmediatamente dejaste la servilleta.

Llevé los zapatos a tu recámara para arreglarte y te estabas poniendo los tenis que acababa de lavar, te los quité diciéndote que podía hacerte daño.

Desde el cumpleaños de Alejandro, quedó en ti el deseo de comer sandwiches y pediste hace un momento que te hiciera uno con aguacate y jamón y te lo comiste muy bien. Cuando nos íbamos a la santa misa te acordaste que siempre llevo algo para cubrirme la cabeza y me diste un velo, ojalá Dios quiera que así como en la sencillez de haber encontrado algo que no sólo me agradaba sino también al Señor, busques siempre lo que le gusta a Dios. Qué bueno que estuviste con devoción en la iglesia, aunque dejó que desear tu actitud frente a la Santísima Virgen, estabas muy inquieto pidiéndole leche a tu hermano de la que le sobró.

Íbamos a seguir en la iglesia por lo que te pedimos que te quedaras en la camioneta y no quisiste y tuvimos que llevarte con nosotros, pero te portaste muy bien, te veías muy atento y poco después te quedaste dormido.

*Vecinas

13 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Qué hermoso día tan lleno de alegrías y satisfacciones, cuánto me has ayudado, sin que yo te diga has hecho tantas cosas agradables, por ejemplo jugar con tu hermano así, sin enojarse, cuidándolo, ayudándome a recoger todo lo que estaba tirado y llevarles de comer a los animales (al irte, te dije que les dejaras ahí el traste y después lo recogíamos, y al regresar me dijiste, —mamá, se los tiré en el camino, me vine con cuidado, enjuagué el traste y ya llegué). Al guardar los limones que lavé, los pusiste en una servilleta y después los guardaste y comentaste, —ya ve mamá, cómo sí soy muy listo, puse los limones en la servilleta, junté las esquinas y los metí a la bolsa y los vacié, ¿verdad que Lucy* no es muy lista?

Al guardar las bolsas de verdura que habías sacado dijiste, —ay mamá, no se ve la de los limones, yo creo que está hasta atrás, y al encontrarla exclamaste, —ya ve, mamá, cómo sí estaba hasta atrás, y al seguir metiéndolas muy preocupado comentaste, —¡ay mamá! ¿Qué cree que me pasó? En lugar de guardar la bolsa de los chiles de arriba la agarré de abajo y se vaciaron todos y no quedó ni siquiera uno.

Me fui a lavar la terraza y recogiste todo lo que estaba tirado, llevaste más comida para los animales que había tirado tu hermano, me ayudaste a sacar el agua y después estuviste trapeando, en un momento llegó tu papá y le dijiste que viera qué bonita te quedó la terraza que habías trapeado por toda la orilla y después por en medio y que ya estabas muy cansado.

Como estaba lloviznando te dije que me esperaras, y como tu papá trajo unas cosas de Abasolo te quedaste muy cargado pues apenas podías con todo.

Estaba lavando y saliste a decirme que todo habías guardado muy bien pero que las tortillas se habían desacomodado, que fuera a verlas, y te dije que después iba a arreglarlas; casi enseguida llegaste otra vez a decirme que había despertado Alejandro, que tú no lo habías despertado; al entrar te vi tomándolo por los hombros y diciéndole, —ya no te vas a acostar, ven para que mamá no se enoje; te dije que ya lo dejaras porque había dormido bien.

Cuando tu papá se iba a darles de comer a los puercos, tanto lloraste que tuvo que llevarlos con él y regresaron muy cansados.

Nos fuimos a bañar y no se opusieron ni tú ni tu hermano a que los arreglaran. Llegando de Abasolo ya tenías demasiado sueño por lo que rezaste y después de dormiste.

* Empleada doméstica

12 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Aunque tuviste momentos de distracción, te portaste muy bien en la santa misa. Unos globos que traía tu primo Israel fueron los que te llamaron la atención, querías inflarlos pero no pudiste, después te los pedí y sí me los diste. Al terminar la misa tú mismo fuiste a pedirme que te persignara y rezara contigo.

En Abasolo anduviste con tu papá, después me acompañaste a la carnicería, y al ver a tu hermano cerrar las puertas, en lugar de decirle que no lo hiciera, también tú lo hacías, las cerrabas. Cuando llegó tu papá por nosotros, Alejandro no quería irse a la camioneta y le doblaste su mano; lloró tanto el pobrecito que te asustaste.

Te gusta guardar el mandado de la tienda y al llegar de Abasolo fue lo primero que hiciste, es casi seguro que lo haces para ver qué compramos

Vinieron tus tíos Amalia y Lito y estuviste jugando con tus primos, después todos se fueron a jugar menos tú, poco después te fuiste pero regresaste enseguida porque ya estaba comenzando a llover.

Fuiste a pedirme que te diera de comer, yo estaba platicando con tu tía Amalia y otra señora, por lo que te pedí me esperaras, pero casi enseguida me pediste otra vez y fui a darte; comiste muy bien, después me dijiste que ya tenías sueño, que nos fuéramos a la recámara a rezar y cuando rezamos me salí y otra vez me seguiste y estuviste así como 40 minutos, hasta que por fin te dormiste.

11 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Con qué prontitud has colaborado para tu arreglo, pensando que iremos a Irapuato. Tu papá no pudo ir por tanto trabajo que tiene y tuve que ir en camión. De regreso me sentí muy contenta porque me dijeron que te portaste muy bien, sólo que en ese momento cambió un poco mi entusiasmo ya que no quisiste comer, la hiciste más tarde, lo que me dio más tranquilidad. Claro que hubo un poco de interés a cambio (según tú) de comer muy chulo (así acostumbro a veces decirte, si comes bien te doy o hacemos algo). Sé que hago mal en ofrecerte algo a cambio de que comas y poco a poco espero cambiar esa actitud. Por eso, después de que comiste, pediste los carritos que compramos para repartirlos a los niños en la fiestecita de tu hermano. ¿Sabes para qué los querías? Otra vez dices de vaciarlos y volverlos a llenar de dulces, ahora sí te los dio tu papá.

Cuando observaste que le puse a tu hermano shampoo, pediste que también a ti te pusiera para que saliera brillosito tu pelo en las fotografías. Qué lindo te ves así como te arreglaron.

Cómo te desespera ver la puerta que conduce a la terraza que están arreglando con globos porque quieres ir a ayudar, después te conformaste al ver que íbamos a Abasolo.

Todo lo que te llama la atención quieres que te compre, y tal vez sea la primera vez que no lo hago, tratando de que comprendas que dentro de unos momentos comerás con tu hermano y los niños.

Las velitas que compramos para el pastel hicieron que un poco te olvidaras de que te comprara algo, y mencionabas mucho que dónde iban las velitas, que cuántas encenderíamos y venías muy contento con ellas.

Ya te venías durmiendo y tratamos de evitarlo diciéndote que ya íbamos a llegar y que ya haríamos la fiesta de tu hermano.

Disfrutaste verdaderamente de la alegría que nos embargaba a todos. Ya que íbamos a cenar, no tenías lugar en la mesa y busqué un lugar vacío y estuviste comiendo bien.

En casi todas las fotografías querías salir también tú. Cuando estaban quebrando la piñata no quisiste pegarle, dijiste que en tu cumpleaños sí la ibas a quebrar tú.

Igual que a tu hermano, les causó incalculable alegría jugar con el confeti.

Ya que se fueron todos de la tabla en que colgaron la piñata, ataste el lazo con pedazos aún sin quebrar y con tu hermano terminaste de hacerlo.

(Nota fuera de los márgenes de la página: 2-oct. el santo padre Juan Pablo II visitará N. York)

10 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Al escuchar la conversación de que iríamos a Abasolo fuiste a traer ropa limpia y tus zapatos para que te cambiara, y tú mismo me ayudaste a hacerlo.

Como sientes siempre esa ilusión de hacer algo que te agrade, haz pedido tantas veces los carritos que trajimos para mañana primero Dios, porque los quieres llenar de dulces.

Estuviste con tu papá en Abasolo mientras fui a comprar unas cosas, otra vez traías dulces (chicles) de la farmacia y me dijiste que me estaban buscando.

No hiciste otra cosa al llegar sino ver todo lo que compré y parece que encontraste el trajecito en una de las bolsas (el de tu hermano te gustó más que el tuyo). Seguiste con la ilusión de llevar los carritos de dulces y fue por eso que comiste muy bien.

Cómo nos ayudaste a preparar lo del pastel para tu hermano, muchas gracias pequeñito por evitar que tu madre se canse.

Con qué alegría recibiste a tus primos Israel y Alberto, te portaste bien con ellos, a comparación de antes, que siempre les pegabas.

Por fin se cumplió tu deseo de ponerles dulces a los carritos y lo que ahora me sorprende es que me digas que hay que vaciarlos para llenarlos otra vez.

Chiquito santo, jamás tendré perdón de Dios por haberte pegado así, no sé por qué no comprendo que siempre se pelean así los niños y siempre injustamente se pegan como lo hiciste con Alejandro. Pero, como no comprendes, tienes justificación; pero yo, hijito, ¿por qué lo hice? ¿Por qué siento, con todo el corazón, de jurarte que jamás tocaré tu cuerpecito? De decirte ante Dios que prefiero morir antes que cometer otra injusticia contigo. No merezco tu cariño, si es que lo sientes. Observo tu carita ya sin reproche y más triste me siento, perdóname, cariñito, perdóname.

Me mostraste tu manecita y tu sentaderita donde te pegué y, al decirme, —mire cómo me quedó, sentí cómo se desgarraba mi corazón y cómo deseo desaparecer para ya no causarte daño. Me dices que me perdonas y te muestras muy cariñoso conmigo y casi enseguida rezaste y te dormiste.

9 de agosto de 1979

Tres años de edad

¿Por qué te empeñas en seguir siendo más que una de las mayores aventuras de mi vida, mi razón de vivir? Así con esa alegría, más que enfado por venir a desvelarnos al llegar a la recámara a una hora tan incómoda, qué dócil fuiste a nuestra petición de que te duermas en el suelo por no caber los cuatro en la cama*.

Qué cariñoso estás con tu hermano, lo abrazas y le dices palabras de mucho cariño hasta que esos cariños lograron despertarlo.

Demasiado contento te fuiste al baño para que te bañáramos y antes de terminar de hacerlo nosotros, ya estabas terminando de desayunar y, como costumbre que se está haciendo en ti, enseguida prendiste tu carrito y le dices a tu hermano que no lo toque.

Cuando me fui a lavar te fuiste conmigo y qué bien recogiste todo lo que estaba mal puesto en una parte del jardín, recogiste piedras y las acomodaste en un solo lugar, la basura la llevaste a tirar y te veías muy cansado y asoleado.

Comiste demasiado poco y al preguntarte el por qué, contestaste que no tenías hambrita.

Fuimos a caminar y de regreso a la casa le pedí a un señor que vendía paletas que nos esperara por favor y cuántas paletas se comieron y tanto corriste por llegar pronto a donde estaba el señor que te caíste dos veces.

Me preguntaste que por qué a papá no le había comprado paleta y te contesté que estaba en el refrigerador, y al escuchar el tractor en el que llegó tu papá, corriste a encontrarlo y le dijiste que viniera a comerse las paletas que le habías comprado, y al estarse comiendo una, le estabas quitando el papel a otra y te dije que ya no comieras y dijiste que se la ibas a dar a tu papá.

Aunque no lo creas, me has ayudado mucho este día a hacer las gelatinas para el cumpleaños de tu hermano, y con cuánta alegría vienes a cada momento al refrigerador para ver si ya están cuajadas.

De las seis de la tarde en adelante cómo le has pegado a tu hermano, no porque seas injusto sino porque no aceptas que él te haga nada.

Al llegar a Abasolo ya te estabas durmiendo pero al decirte que te compraríamos un trajecito hiciste muchos esfuerzos por no hacerlo.

Hiciste que consiguiera dinero para comprarte una paleta y para darte 50c y tuvieras chicles que hay en unos vitroleros en la farmacia. Ni siquiera probaste la paleta.

Llegamos a la camioneta y esperaba que te durmieras enseguida, pero con gran curiosidad estuviste viendo todo lo que te había comprado.

*Supongo que se refiere a Alejandro, el hijo más pequeño en ese momento.

8 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Esta mañana rezaste con tu hermano y conmigo, ya tenías días que no lo hacías.

Cuando me fui a lavar, saliste a decirme que ya papá quería desayunar, que decía que me viniera. Al preguntarte que si había despertado dijiste que no, pero que a lo mejor ya tenía hambre. Como ayer, tampoco quisiste esperar a tu papá y desayunaste con tu hermano.

Al terminar sacaste tu carrito y cuando lo creíste conveniente lo apagaste y al ver a tu hermano llorar, me pediste que le dijera que ya se había calentado mucho y por eso lo habías apagado.

Hace mucho que no grabamos nada y hoy lo hicimos, pero por ti, pues me pediste que grabáramos y efectivamente estuviste rezando para que se grabara. Estuviste escuchando la grabación anterior y siempre la interrumpías preguntando que por qué decías todo eso.

Me pediste de comer muy pronto y tuviste suerte porque cuando ibas a comer llegó tu papá y comimos todos en un ambiente de cordialidad.

Al ver que estaba cosiendo me dijiste, —mamá, vamos a coser las cositas de mi niñito, y te contesté que sí.

Estabas iluminando y cómo te admiro al ver tu inteligencia, ya que si iluminabas con determinado color, decías, —¿ilumino esto, esto y esto porque van de este color? Y te apoyaba diciéndote que tú ya sabías iluminar muy bien (es un librito del que se copia de otro dibujo ya iluminado).

Al ver que en lugar de apoyarte en la cama donde estabas iluminando lo hacías en la pared, te dije que así te ibas a cansar mucho, que lo hicieras mejor sobre otro libro y dijiste que se te rompía si no iluminabas en la pared. Ya que te expliqué, parece que comprendes bien.

Hijito, perdóname ángel mío, te llamé la atención de tal forma que provoqué ese llanto tan triste. Se debió a que te pedí que apagaras la leche y al ver que no regresabas te hablé muy fuerte por el temor de que te fueras a quemar y lloraste, y después te expliqué por qué lo hice, —una hermanita de tu abuelita tanto se quemó con leche caliente que murió, y al recordarlo sentí mucho miedo.

Eso no fue todo, porque después me olió a leche quemada y fui a la cocina y se había tirado y te volví a llamar la atención y diciéndote que por qué me engañaste que sí le habías apagado y me dijiste que te habías equivocado, pero ya no te ibas a equivocar, y qué gran lección me dieron tus palabras. Si nosotros los adultos que tenemos conciencia de los errores los seguimos cometiendo a cada momento, tú, pequeñito, apenas tienes tres años y me atreví a regañarte así, perdóname mi niño, perdóname. Al darme cuenta de mi error, con qué desesperación te abracé, y sólo yo me culpé.

7 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Estuviste iluminando desde muy temprano y sigues con la idea de iluminar pronto tus cuadernos. Cuando estábamos desayunando me dijiste, —¿mamá, por qué yo le hablaba y le hablaba cuando me pasé a su cama y estaba bien dormida y no me contestaba?

No esperaste a tu papá a desayunar porque dijiste que tenías mucha hambre. Me siento muy contenta al ver que ya casi comes bien.

Qué feliz estás porque viste un avión.

Mostraste mucha atención al verme coser en la máquina nueva, al explicarte lo que estaba haciendo me decías, —¿me dice para que aprenda? Y te contestaba que sí.

Comiste poco y por eso me dijiste tan pronto (a las seis) que te diera ya de comer y lo hiciste muy bien. Ya no cuesta trabajo cambiarte, tú mismo nos ayudas a hacerlo.

Chiquillo travieso, si en ocasiones tu comportamiento es extraordinario en la celebración de la santa misa, ¿por qué tu comportamiento fue tan malo este día? Aventabas tu biberón, te subías al confesionario, la tablita donde nos hincamos la levantabas, y a tal grado llegaron que tu papá tuvo que salirse con ustedes.

Fuiste conmigo a comprar estambre y al pedirte que ahí me esperaras, en lo que iba a la tienda, me dijiste que no porque ibas a comprar un chicle y tuve que llevarte.

6 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Preciosito, en qué poco tiempo nos has causado tantas satisfacciones. Como de costumbre, te pasaste a nuestra cama; al levantarte me ayudaste a preparar de desayunar, y me decías que ya te sirviera, que tenías mucha hambre, y comiste muy bien.

Al ver que tu papá ya se iba a Abasolo, me dijiste que te diera ropita para tu hermano y para ti porque iban a comprar chicles. A cada momento me preguntabas si ya íbamos por tu carrito, y cuando nos lo dieron dijiste que tú te lo llevabas y estuviste rompiéndole a la bolsa para verlo y decías que viera qué bonito se veía, que a qué hora le compraríamos las pilas.

No querías que tu hermano jugara con tu carrito. Después de explicarle a Alejandro que no lo fuera a romper, accediste a prestárselo.

Me extraña un poco tu conducta que siempre que vayamos a caminar quieras que te lleve de la mano.

Estamos contentos porque comiste bien, hasta me pediste tortillas de harina [de trigo] de las que estaba haciendo.

Llegando de Abasolo seguiste iluminando tus cuadernos porque recordaste que tienes muchos por iluminar y quieres que tu papá te compre pronto más.

Hablaste por teléfono con tu abuelita y me dijiste, —Mamá, tú crees que mi abuelita me preguntó que cómo seguía y yo le dije que bien.

Preparaste el carrito que te compró papá, con las pilas, y al verlo caminar y escuchar las sirenas, cuánta alegría experimentaste. Al pedirte que lo alzáramos porque se calentaba del motor, accediste de inmediato comprendiendo que debes de cuidarlo.

Al vernos hacer tortillas de harina [de trigo] nos dijiste que te hiciéramos dos pasteles y guardáramos uno.

Cuando escuchabas ruido de camiones que traían material decías que ya venían las muchachas, que como que sí eran y como que no. Al llegar te pedí que te fueras a jugar, no quisiste ir, y talvez sin darte cuenta qué decíamos, presenciaste la mayor parte de nuestra reunión.

Llegó tu papá y estuviste cenando con él. Ya que se fueron las personas que vinieron, estaba lloviendo y te saliste. Al ver que tu hermano no entraba a la casa contigo dijiste, —¿verdad que van a inyectar a Alejandrito si no se pasa? Y te dijimos que sí.

Se fueron a ver la televisión, y es raro en ti, ya que casi no te llama la atención verla.

Me fui cuando terminé de recoger la cocina a enseñarte la palabra de hoy y me sentí muy triste que no me despedí de ti, ni rezamos.

5 de agosto de 1979

Tres años de edad

Chiquillo, hoy que no debes de comer, lo primero que pediste fue chile y frijoles, ojalá no te haga daño.

Fuimos a la santa misa y qué bien te portaste, ya participas más y también cantas.

De regreso de Abasolo me pediste una tortilla y fue por eso que ya casi no quisiste comer.

Te veo tan juguetoncito y alegre y sé que el Señor escuchó nuestro ruego de que te mandara la salud. También se lo pediste en la misa de este día, ¿ya ves cómo a un angel bueno siempre lo escucha el Señor?

Estaba con unas personas a las seis de la tarde y fuiste por mí para que te diera de comer y aunque fue poco lo que comiste nos dio alegría que lo hicieras.

4 de agosto de 1979

Tres años de edad.

¿Por qué nos preocupas así? Con esa negativa para comer, y te ves tan triste que ya no sabemos qué hacer.

Con qué angustia reprimida se observa esa carita pálida y triste. De vez en cuando te enojas con tu hermano.

Te sentaste tan rápido que te lastimaste donde tienes una bolita de una inyección y por eso lloras.

Compramos unos duraznos porque sabemos que te gustan y porque no has comido nada, pero al ofrecerte no quisiste.

Te complace mucho un camión largo que lleva varios coches, también un avión fumigador que va a muy baja altura. Llegando a Irapuato dijiste ¿verdad que ya llegamos a Irapuato? Y como tu hermano dice que no, le dices a tu papá —Oye a Alejandrito, dice que no llegamos a Irapuato. Cuando fueron por mí a Singer me enseñaste una pomada para los labios que te compró tu papá, y fue entonces que vi que todavía traías el durazno que te habíamos dado. Todo lo que te ofrezco para comer sigues rechazándolo.

Por fin pediste un sidral y te insistí que tomaras un poco más y dijiste que te dolía la boquita y después volviste mucho el estomaguito. No sabrás jamás cuánta tristeza siento al verte así, caminando con esa inseguridad y fragilidad en tus piernitas; pero le ruego al Señor, hijito mío, que yo sufra todo lo que sea necesario, pero tú no, chiquito, tú no.

Veo esas manecitas santas y no sé qué hacer al recordar cómo constantemente te las llevas a la boquita cuando te ofrecemos algo de comer, tratando de evitar que pudiéramos darte a fuerza.

Sigues enfermito del estomaguito porque gritas cuando te duele, pero con el fin de que te enseñe lo que compramos para el cumpleaños de Alejandrito, me dices que sí vas a comer.

Encontraste el libro donde rezamos y me preguntas que si ya vamos a rezar y te contesté que cuando llegara papá y contestaste que aunque sea el Padre Nuestro y el Ave María para que venga pronto tu papá.

Creí que se estaban enojando tú y tu hermano, y al preguntarte qué estaban haciendo, contestaste que te había dado muchos besitos.

Tomaste suero y pediste té de manzanilla que tú mismo preparaste.

Oyeron ruido y, pensando que era papá, se asomaron, pero le dijiste a tu hermano que él no saliera porque ya estaba arregladito y después se podía ir a las piedras y ensuciarse su ropita.

3 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Chiquito, ¿por qué hay tanta injusticia contigo, y precisamente de mí, quien tanto te quiere?

Esta mañana (2 am) llegaste con nosotros, como siempre, dejaste las puertas abiertas de tu recámara y la nuestra, se metieron los moscos, nos mojaste la cama. Sin pensar que son cosas maravillosas de tu edad, te jalé una orejita y lloraste. No conforme, te seguí llamando la atención sobre lo que, según yo, hiciste mal, pero no ha sido algo que no olvidaré, algo que forma parte de tu preciosa infancia.

Qué triste y decaido te ves, tal parece que pasate una noche en vela, no desayunaste, sólo un poco de café y té.

Tu inquietud ha sido que no te vaya a inyectar, tal es tu preocupación que en sólo seguirme has pasado la mañana, diciéndome —¿ahora no me va a inyectar? Y lo que has conseguido para terminar tu obsesión ha sido inyectarte de una vez. Cómo has sufrido amorcito, con cuánta paciencia pasaste este sufrimiento, ya que esta última inyección se aplicaba muy lentamente, se llama Benzetacil combinado. Cuánto tiempo estuve después contigo para consolarte.

Sacamos tus colores y libros para iluminar y no logré distraerte, has estado tan decaido (demasiado) que me siento preocupada.

Por fin algo llamó tanto tu atención, un avión que pasa muy cerca y te causa mucha alegría.

Te abracé por toda la ternura de verte tan delgadito y me diste un besito. Llegaste a la cocina y me pediste agua, te dije que mejor té de manzanilla y tú mismo lo preparaste y, al terminártelo, me diste las gracias. ¡Qué lindo eres hijito!

Después me pediste agua y nuevamente me dijiste: —Gracias mamá, por el agua que me dio. Pienso que yo por qué no te doy las gracias por tanta alegría que me das.

Dices que tienes asco y que con té se te quita y traes un sobre para prepararlo. Comiste bien, me siento contenta ya que no habías desayunado.

2 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Estás tan pelionerito con tu hermano que tuve que darte desde tan temprano tu manacito. Al desayunar escuchaste que te vamos a inyectar y nos dices que no, que mejor a Alejandrito.

Estuviste iluminando, al principio mal (a un jugador le pintaste una pierna negra y otra verde, la cara azul, en fin, todo mal).

Como me hiciste sentir triste al inyectarte, talvez pensaste que de todas formas lo haríamos y tú mismo te acomodaste y dijiste, —Mejor así. Lloraste pero ya menos que otras veces.

No te habíamos bañado porque sigues con catarro, pero lo hicimos al ver tu deseo de hacerlo, te recomendamos no salir mucho porque todavía no estás muy bien y obedeciste muy bien.

Seguiste iluminando, pero ahora mucho mejor, hasta muy tarde. Comentaste que te sentías muy cansado y fuiste a arreglar unos hilos donde yo estaba cosiendo.

1 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Llegaste con nosotros de tu recámara a las tres de la mañana y ya no te quisiste ir a tu recámara.

Ahora sí, gracias a Dios, estás muy mejorado. Haz jugado con Alejandrito queriéndolo despintar porque se pintó la boquita con mis pinturas.

Has iluminado con bastante precisión y constantemente preguntas si está bien. Desayunaste un poco más que ayer y lo que tomas con agrado es el té de manzanilla.

Al darte cuenta de que te íbamos a inyectar comenzaste a llorar, tuvimos que sujetarte entre Alicia, Luz y yo, casi enseguida te conformaste y ya estabas contento.

Hijito santo, perdóname amorcito nuestro por haberte tratado mal. Creí, o tal vez fue a propósito, que tiraste tus colores, y como estás tan sentimental, te di un manazo y lloraste en forma que nos aturdía y cerré la puerta. Después entré y te sujeté por el bracito queriéndote hacer reaccionar que no deberías llorar, y no sé si te toqué tu carita o qué pasó pero te salió sangre de tu naricita y sabes cuánto sufriré por eso cada vez que lo recuerde.

Seguiste iluminando con la ilusión de terminar pronto y te compren más cuadernos de iluminar, por eso, cuando escuchaste que venía tu papá, más rápido iluminaste para que tu papá viera que ya habías terminado.

Quisiste que bajaran de la vitrina los dulces que hay para el cumpleaños de tu hermano. Al asomarme para ver qué estabas haciendo, vi tu boquita llena de dulces y te pedí que ya no comieras porque te pueden hacer daño. Salí para recoger los dulces y me dijiste que mejor los formáramos.

Ya comienzan otra vez tus travesuritas, pediste que te llevaran a las pacas, regresaste con huevos y oímos que algo hacían en la cocina y vimos que ya habían hecho cuatro huevos revueltos y, pensando que te los pudieras comer, te dije que no lo hicieras por estar delicado y dijiste que los ibas a guardar para papá.

Fuimos a caminar y cortaste flores y me dijiste que eran para mí. Al estarlas cortando, cuando esfuerzo hiciste y con qué propósito deseabas no dejar nada de flores, hasta que te dije que esas las dejaras porque estaban feas. Llegando a la casa las pusiste en agua.

Qué contento te mostraste al saber que iríamos a Abasolo, dijiste que te ibas a dejar arreglar y al estar allá tu primer comentario fue que dónde íbamos a comprar tu libro de iluminar, y al llegar a la mercería y zapatería, dijiste que te comprara unos huarachitos y te contesté que después. Fuimos a otra tienda y me dijiste que te comprara unas pinturitas de agua para tu hermano y te recordé que él todavía no puede y dijiste que se las comprara y tú le enseñabas cómo se pintaba, hasta la persona que estaba ahí se rió de ti al ver tu ingenuidad. Después tu carita se iba poniendo triste al ver todas las tiendas cerradas. Te conformaste un poco cuando pregunté en la única que quedaba abierta y ahí encontré lo que querías. También pediste plastilina (porque escuchaste en el radio que a los niños les ayuda mucho jugar con plastilina), te dije que no y me recordaste que hoy dijeron en el radio la conveniencia de comprarla y eso me hizo cambiar de opinión. Qué feliz venías con tu preciosa compra.

¿Sabes una cosa mi niño? Hoy cumples un año de que comenzaste a aprender a leer. Me siento contenta de que a pesar de haber transcurrido en ocasiones lapsos un poco largos sin enseñarte, hemos seguido adelante y ahora me propongo hacerlo hasta el final.