29 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Ha llegado el momento tanto tiempo anhelado, y a la vez con tanto temor descubrirlo; porque, si al alcance de mi mano te podía levantar, acariciar, reprender o hasta lastimarte por error, ahora tu necesidad imperiosa por aprender, por alegrarnos con tus triunfos en cada etapa de aprendizaje y que llegues a ser algún día, si el Señor lo permite, un hombrecito preparado y a tal grado cultivado que a nosotros tendrás que enseñarnos tu mundo de sabiduría y sacrificio.

¡Hay, hijito! Que nunca tuviéramos que desprendernos de ese aún frágil cuerpecito a quien otros seres cuidarán e instruirán.

Sufrí tanto al ver las primeras luces de este importantísimo día, que es el primero en el que queda sobre mi corazón angustia y tristeza por irte tan lejos. Ahora, sólo por unas horas, que, sin darnos cuenta, irán en aumento con el transcurso del tiempo, y tal vez muy pronto ya no estés con nosotros.

Rogamos a Dios, amorcito nuestro, que no sea tan vasto el lodo, la maldad y el fango por el que caminarás, que pueda perderse tu inocencia. Que sea, sí, un mundo de tristezas, sinsabores y esfuerzos que tal vez muchas veces ni te tomarán en cuenta, pero esto para que aprendas a valorar lo que Nuestro Señor te dé.

28 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Te portaste muy bien en la santa misa de hoy, y de vez en cuando el padre te miraba, tal vez aprobando, como nosotros, tu actitud.

Me sentí un poco preocupada, pero no mucho, al ver que no quisiste jugar a leer. Destendieron las camas y qué mal aspecto dan así todas las cobijas y almohadas en el suelo. Como no hay quien me ayude, sí me preocupa un poco esa travesura. Pero al pensar que, si Dios lo permite, cuando estén grandes, ya no habrá quien realice estas hermosas travesuras.

Fui al jardín a cambiar estambre, y como ya estabas cansado me dijiste que me esperabas, y un señor me dijo que él te cuidaría, pero como está cerca, desde allí te observaba, y de momento te levantaste de donde estabas sentado y mirabas hacia todos lados; entonces, me apresuré a comprar, al comprender que ya no me mirabas, y corriste, por lo que también lo hice, pero no pude darte alcance; les pregunté a unos niños por ti y me dijeron que pasaste corriendo, pero gracias a Dios te encontré, y qué asustado estabas; ten la seguridad que no volveré a dejarte solo.

Me pediste que te comprara plantas y que tú las regarías; me ayudaste a comprar algunas cosas.

Estábamos en la recámara y nos llevaste fruta para que comiéramos.

Les echaste tanto lodo a tu hermano y a la niña del señor Félix que tu nonno te regaño y no querías saludarlo.

Me pides que te dé la niña para cargarla y le haces muchos cariños.

27 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Con qué insistencia me pides que me pinte, hasta te molesta porque no lo hago con rapidez, ya que tú me proporcionas las pinturas con las que quieres que lo haga.

Fuimos con tu nonno a la casa de un tío de tu papá que se llama Arcángel Constantini y te portaste muy bien, jugaste mucho en la camioneta, solo que un poco brusco con tu hermano.

Me diste un besito y me causó mucha alegría que lo hicieras.

Ahora sí leíste muy bien; gracias, hijo, por devolverme el entusiasmo perdido.

Rompiste un plato, y aunque me di cuenta que por traviecito lo hiciste, para que no te sintieras tan mal, al verte tan asustado te dije, —¿verdad que no lo hiciste a propósito? Y te tranquilizaste mucho. Acabándote de bañar te saliste y te enlodaste la ropita y todo.

26 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Te levantaste muy tarde y te fuiste con tu papá en la camioneta a trabajar.

Me pediste que rezáramos el Santo Rosario. No creí que en verdad quisieras rezar y por eso no lo hicimos. Cuánto lo siento.

[Hay un dibujo abstracto muy grande en el cuaderno, hecho por un niño] Chiquillo adorado, tal parece que quieres reafirmar todas las hermosuras que ya haces; dices que éste es un barco.

Deseas que te cuente el cuento de caperucita roja y no lo sé completo pero me voy a informar para podértelo contar bien.

No te llama la atención leer y me siento culpable puesto que tal vez yo no le he puesto el empeño necesario para que no te aburras.

Me diste besitos sin que te lo pidiera y qué feliz me haces.

Le pegaste a la niña del Señor Félix. Después les echaste lodo a Linda y a Alejandro y te caíste.

Cargaste la niña y sí puedes con ella. Te desvestiste y después buscaste ropa en la cómoda y te pusiste dos playeras, un suéter, un pantalón que ya no te viene y te ves tan curioso que causa risa mirarte.

25 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Buscas todas las oportunidades para estar con tu papá, por eso, al ver que ya se iba en la camioneta, le pediste que te llevara y fuiste con él.

Leíste muy bien las palabras que hoy te mostré. También leíste las cinco vocales. Más tarde, te dije que jugáramos a leer y no quisiste, por lo que te pregunté el por qué y dijiste —vamos a leer.

Después de bañar a la niña, me ayudatse a vestirla; te iba a pedir que no lo hicieras pero te vi tan entusiasmado que sentí tristeza negártelo.

Estuviste llorando porque te pegó Luz. Viste un momento la televisión, después la apagaste y me pediste que mejor rezáramos el Santo Rosario, y al estarlo rezando te quedaste dormido. Como si pareciera que el ángel del Señor cerrara tus ojos y pedirte que después sólo para el Señor siguieras rezando, pues tenía tu hermoso rostro ese semblante de santidad que distingue a todos los niños como tú.

24 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Nos dijiste que por qué te engañamos que te vamos a llevar a la escuela y no te llevamos.

Iluminaste con mucho entusiasmo pero quieres que esté contigo.

Fue tu papá a Abasolo y fuiste con él, y al regresar venías dormido, me sentí un poco triste que te hubieras dormido.

En la casa de la señorita Alicia, comiste mole, y pediste dos veces; después parecías muy cansado.

De regreso, fuiste con Luz a lavarte la carita porque tenías mole.

Me pediste otra vez que te platique de Mérida. No te imaginas cuánta alegría me da que me digas que recemos, como me pediste este día.

Encendiste la televisión sólo unos minutos y después la apagaste para ayudarme a bañar a la niña; cuánto te complace hacerlo.

23 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Desde que despertaste te querías ir a jugar, por lo que te dije que hasta que desayunaras. Le pegaste a tu hermano porque te quería quitar un carrito con el que estabas jugando. Me pediste otra vez que te platicara de Mérida; y de tanto que te he dicho, ya tienes grabado en tu mentecita todo y me dices —se le olvidó decirme de las tortugas que agarraba papá. O cualquier otro detalle.

Me trajiste flores, y al ver que traías también del tulipán, te dije que si ya sabías que no me gusta que cortes de esas flores por qué lo sigues haciendo, y dices que porque las flores de tulipán te gustan con toda el alma.

Te agrada quitar los hilos de la máquina Singer y volverlos a acomodar; y más aún, los de bordar; y al llamarte la atención por ello, me dices que quieres que borde.

Le diste besitos a la niña, después te fuiste corriendo porque ibas a jugar y jugaste con lodo; es increíble la forma en que juegas porque pasas el lodo por el alambre y te lo reciben las niñas del Señor Félix [del otro lado] y así pasas mucho tiempo.

Al ver que se fue la señorita Alicia, me pediste que fuéramos a caminar, y caminamos sólo un poco porque dejamos sola a la niña.

Ya me habías pedido que jugáramos a campanita de oro, y después lo hicimos; qué feliz te hace jugar a lo que más te gusta; después nos salimos a jugar en el jardín.

Veniste después a iluminar pero casi enseguida te saliste; y al estar jugando con tierra, le echaste a Alejandro en su carita y estuvo llorando.

Ha habido tanta inquietud en ti que te dije que ya no saldrías a jugar, y al pedirme permiso para ir otra vez a jugar y ver mi indecisión, me decías —déjeme que sí, mamá. Sí, y ya te imaginarás mi respuesta. Te di permiso, con infinita ternura; y a tu hermosa edad es sólo para eso, para jugar.

22 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Desde muy temprano me dijiste que querías ir a la iglesia.

Después de desayunar le di una vuelta a la niña para ver si estaba bien y le habías quitado el pañalito para cambiarla y tal vez la lastimaste porque después lloraba al moverla, y principalmente al cambiarle el pañal; te expliqué que no deberías de cambiarla tú porque le puede dar aire o porque la puedes lastimar, y te quedaste muy pensativo. Después, muy triste, me dijiste que entonces te deje ayudarme a cambiarla.

Me pediste agua de limón, y al dártela no la querías porque la agité para que se disolviera el azúcar; dijiste que no quieres que la agite y le volviste a poner azúcar.

Qué lindo cantaste «Las cinco vocales». Nuevamente entraste con mucho lodo en tus piernitas, piecitos, en fin, en todo, y como estaba el agua en donde había bañado a tu hermanita, allí te lavaste, y cuánto lodo tenía.

Se subieron a la puerta grande y se impulsaban para pasearse y tu papá les llamó la atención diciéndoles que no se subieran.

Hoy, hace un año, fue la clausura de un cursillo de Cristiandad al que gracias a Dios asistí, y por ello se celebró una misa este bendito día, a la que me acompañaste y te portaste muy bien; siempre que vamos a comulgar te vas detrás de nosotros y ahora me esperaste en el lugar en el que estábamos.

Te diste cuenta que el arroz que te serví tenía un huevo estrellado y me dijiste que te sirviera en otro plato porque no querías huevo, y lo que hice fue cubrir bien el huevo con el arroz, y cuando te lo estabas comiendo me dijiste, —sí me gustó el huevo con el arroz, pensé que no me iba a gustar.

Me comentaste que cuando fuiste con la señorita Alicia a la escuela de Luz, una niña metió su pie en el lodo.

21 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Tiene un poco de temperatura la niña y por eso no fui a la santa misa. Escuchaste el comentario que ustedes se quedarían conmigo y sólo iría tu papá, y me dijiste, —mamá, arrégleme para ir con papá y me voy a portar bien. Después me dijo tu papá que sí te portaste muy bien.

Es raro en ti pero comiste bien. Tratamos de arreglar un carrito que tiene unicel y otros carritos más pequeños sobre éste, y veo con alegría cuántas ideas tienes para arreglarlo, bastante lógicas.

Hiciste lodo; nomás vieras cómo estás de tanto que te ensuciaste tu ropa y tu cuerpecito. Lloraste mucho porque no te dejé entrar así; después lo hiciste, directamente al baño, y te bañaste muy contento.

Pusiste agua para hacer gelatina y estuviste desde que le prendiste a la lumbre hasta que hirvió y le pusiste la gelatina.

Estoy preocupada porque te pasas a la cuna con la niña y le haces cariños a veces muy bruscos y la haces llorar, y cuando más te pedimos que la dejes tranquila, menos lo haces.

20 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Me fui a lavar muy temprano y fuiste a donde yo estaba y ahí te quedaste quietecito.

Iba a hacer salsa de tomate para el almuerzo y me ayudaste a pelar los tomates, el ajo, y a moler.

Estuviste sin zapatos afuera y por eso te lavaste los piecitos.

Dibujaste una máquina en tu cuaderno y como si tu hermanita te comprendiera, le enseñaste tu dibujo.

Momentos después de haber bañado a la niña te encontré desvistiéndola porque la querías bañar otra vez.

Ya no quieres leer por ir a jugar con las niñas del señor Félix. Casi es seguro que yo tengo la culpa de que no quieras estar dentro de la casa.

19 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Tan inquieto despertaste, que has hecho cosas indebidas y tuve que pegarte y te fuiste a esconder con tu papá para que ya no te dijera nada.

Después llegaste a la cocina, sacaste los trastes y te sentabas en los sartenes, e impulsándote con los piecitos, dabas vueltas. En la cama estuviste brincando muy bruscamente.

Iba a ir a lavar y al darte cuenta, comenzaste a llorar, pero me escondí en la última recámara para que no me vieras ir, y al encontrarme, qué contento estabas.

Jugaste con lodo, hubieras visto tus rodillas cuánto lodo tenían, y también llevaste a la banqueta, y para que ya no te regañara fuiste a lavarte las manos y dejaste con mucha tierra el agua. Más tarde, nuevamente jugaste con lodo y llevaste a la banqueta.

A pesar de que te dije que cerraría la puerta y no te dejaría entrar, no hiciste caso y llegaste ya cuando estaba casi oscuro de la casa del señor Félix.

Me pediste una galleta, y como no te la quería dar me dijiste que la dejarías en la orilla de tu plato cuando cenaras y después te la comerías.

Te agrada mucho que te platique todo lo que vimos cuando fuimos a Mérida y quieres que primero te diga del avión, después de los peces, del barco, en fin; aunque ya te he contado varias veces, deseas que lo haga una y otra vez.

Sólo unos minutos tenías viendo la televisión y cuando viste el comercial de Hoover la apagaste porque sale una persona con cuernos y eso no te gusta.

18 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Quieres, con un detalle hermoso, comenzar este bello día y me has traído de diversas flores, y por más que te diga que no cortes las del tulipán, es en vano, contestas que las cortas porque te gustan mucho porque son muy bonitas; pero mucho más lo es que tengas la bendita idea de agradar. Gracias, hijo; muchas gracias.

Tenías una espina en tu piecito y te la iba a sacar con unas pinzas y me pediste que mejor te la sacara con la mano, y aunque gritaste, dejaste que te la quitara. Ya tenías mucho tiempo con un granito en tu carita y me decidí a observarlo y tenías un vidrio muy pequeñito, por lo que te lo quité, ni siquiera protestaste por ello.

No sabíamos a qué jugar y finalmente me dijiste que al lobito (jugaremos en la huerta mientras el lobo no está, porque si el lobo estuviera enteros nos comerá, está el lobo?).

Venías muy triste del pozo y me dijiste que le querías ayudar a la señorita Alicia y ella no quiso que le ayudaras.

Con grande preocupación reflejada en tu carita, me pedías te llevara tus zapatos porque querías ir con tu papá a Abasolo, y para que tuvieras más cuidado, te dije —ya ves? Por quitártelos. Y qué triste te quedaste porque no te llevó.

Ya comprendes que no me gusta que juegues donde hay basura, por eso, cuando me pediste permiso para jugar, dijiste que no ibas a ir a donde hay basura.

Me sentí muy cansada esta tarde y me acosté, y apenas me estaba quedando dormida cuando me tocaste por la ventana y me dijiste —Juana la rana se fue pa Tijuana, dejó a su marido tendido en la cama. No sé quién te enseñaría eso pero me causó gracia y ya no me pude dormir cuando quise hacerlo otra vez.

Estaba muy molesta contigo porque me querías faltar al respeto y dijiste —mamá, acuérdese que las muchachas de su reunión le dijeron ayer que no me pegara. Esto fue porque alguna inquietud que tenemos, nos ayudamos unas a otras a solucionar algún problema, y yo, preocupada, les comenté que las niñas que vienen enseguida le faltan al respeto a su mamá y tú comenzabas a hacerlo también y que debido a eso, algunas veces te he pegado, y ellas me aconsejaron lo contrario; pero nos olvidamos de tu presencia y comentamos libremente el problema.

17 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Lo primero que hiciste al levantarte fue pintarle los ojos a tu hermanita, y al preguntarte, enojada, por qué lo habías hecho, dijiste que querías que se viera más hermosa. Después me dijiste que querías que Diosito te mandara una niñita como esta y que sí te la mandó así de bonita.

Te llamamos a desayunar y traías un taquito que te dio la señora; al entrar a la casa, nos dijiste que también Linda te había dado una mordida del suyo.

Te había buscado mucho y no te encontré, hasta que escuché gritos en las pacas [en la bodega] y me subí y alcancé a oír el comentario que hacías, —Linda y Juana, mejor sálganse porque no cabemos todos. Quedaba el hueco de una paca y ahí estaban todos, qué contento estabas.

Hice hot cakes porque vinieron unas personas con quienes hacemos una reunión acerca del deseo que tenemos de aprender más La Sagrada Escritura; cuánto entusiasmo tenías porque aprendiste a hacerlos.

Observaste que estábamos preparando los últimos detalles para cuando llegaran (arreglarlos a ustedes y otras cosas), por lo que al llegar, fuiste a donde yo estaba y me dijiste —ándele, mamá, que ya vienen las personas. Y fuiste a pasarlas. Un poco antes, fui por ti donde estabas jugando con lodo, y para que no te viera, te escondiste detrás de la casa del señor Félix, y como había mucha basura te pedí que te salieras de allí.

Al llegar al comedor, tal parecía que también tomabas parte en nuestra reunión (lo importante fue que te sentaste en la sala). Estabas tan quietecito y atento que no te llamé la atención, sólo que después te saliste, y al terminar nuestra charla, grande fue mi sorpresa que te encontré dormido en nuestra cama. Sentí tristeza por no haber rezado contigo. Te vi tan hermoso, pero tan hermoso, que sólo te di un beso.

16 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Qué bien leíste esta mañana, tan bien que hasta Alejandro está aprendiendo algunas palabras de las que te enseño.

Me ayudaste a preparar de desayunar con tanto entusiasmo, que después que llegó tu papá lo llamaste para que viniera a desayunar.

Te mostraste muy obediente cuando te pedí que te quedaras con tu hermano mientras yo iba a lavar.

Estábamos jugando a leer cuando me pediste que te contara un cuento de unos animalitos que andaban por el bosque. Me dijiste que te lo contó tu tía Rosita, te contesté que hasta que le escribiera a tu tía y ella nos contara. Inmediatamente me llevaste una pluma para que hiciera la carta porque ya querías saber todo el cuento.

Qué hermoso eres cuando te portas tan bien con tu hermanita; como hoy, que la oíste llorar, tantas cositas tan hermosas le dices, y ella qué feliz está.

Al pedirle a tu papá que nos llevara al santuario, fuiste el primero en arreglarte, y con gran entusiasmo dijiste, sí papá, vamos, y le rezaste a la Santísima Virgen, le diste gracias porque tu papá se alivió.

Viste al señor que vende paletas y querías que te compráramos.

Compraste un sacapuntas, plastilina, colores (lápices) y una alcancía (un cochinito). Después, qué problema tan grande cuando Alejandrito vio tus cosas, se enojaron tanto que hasta se pegaron, y solucionamos las cosas comprándole a tu hermano colores y chicles.

Te gusta mucho medirte los pantalones de Alejandro, como ocurrió hoy, y después te pusiste tres playeras, una sobre otra, hasta al revés; qué gracioso te veías con esa ropa que con tanto trabajo te pusiste.

Fuiste mucho rato con tu papá en el tractor, y cuando regresaron te veías muy acalorado y me dijiste que tu papá no quiso que le ayudaras a trabajar.

15 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Qué acostumbrado estás ya a la presencia de tu papá que pareces su sombra. Salió a caminar y saliste con él casi una hora; te vi tan hermoso con tu suéter amarrado en la cintura.

Después me pediste que fuéramos a cortar flores para la niña, y sólo florecitas blancas trajiste (formaste un racimo pequeño, pero muy hermoso); las colocamos en un jarrito. Dios permita, hijito nuestro, que, como estas sencillas pero hermosas flores blancas sean tus actos, para que tus hermanitos los corten y vayan adornándose esos tiernos corazoncitos de virtudes sólo santas.

Escuchaste comentarios de que iban a trillar una parte del millo que ya está listo para ello, y cómo le rogaste a tu papá que fueran. Estaba tan fuerte el sol que, por lo débil que está tu papá, te queríamos hacer comprender que no era posible que fueran, y finalmente te llevamos. Qué alegría te causó ver cómo trillaban y cómo vaciaban. No te querías regresar; nos hiciste esperar a que vaciaran el millo que habían trillado. Después, al ver que veníamos, decías que allí lleváramos la medicina de tu papá, que no nos fuéramos. Y con la promesa de llevarte más tarde, accediste a que nos fuéramos.

Tú y tu hermano sacaron el árbol de navidad y le rompieron las hojitas; para poder guardarlo, tuvo tu papá que explicarles para qué era.

Entraste a tu recámara a buscar un juguete para Linda. Le llevaste un envase de desodorante que para cuando se bañara (vacío).

No te dejé darle besitos en la carita a tu hermanita y dijiste que mejor se los dabas en sus manecitas.

14 de octubre de 1979

Tres años de edad.

¿Por qué el Señor refleja en ti tantas gracias como la de esta mañana en que me iba a la santa misa con Alejandrito? Nos conmovió tanto esa carita triste; y no sólo eso sino el comentario que hiciste al decirnos que ya te ibas a portar bien y querías pedirle a Diosito que papá se aliviara. Corriste tanto! Como nos fuimos caminando y se me hizo tarde, tuvimos que correr, y en ningún momento te quejaste que te hubieras cansado.

Me pediste que te sacara una fotografía pero en ese momento no lo pude hacer.

Te pedí ayer que iluminaras y no quisiste, por lo que hoy, que lo haces, dijiste que ayer no tenías tiempo para hacerlo pero ahora sí, y estuviste iluminando.

Este día tampoco querías separarte de tu papá, sólo en momentos muy breves, y al pedirte que jugáramos a leer, te negaste porque estabas cuidando a tu papá.

Quieres cargar a a niña y no deseo que lo hagas por temor a que la tires, y prefiero que lo hagamos entre los dos, y le cantaste otra vez.

Como no quisiste cenar, le puse un huevo a tu choco milk, y me lo regresaste para que te lo prepare sin huevo; lo que hice fue cambiar las roscas de los biberones y te lo tomaste sin protestar.

Al preparar de cenar a tu papá, no me dejaste llevarle nada y lo hiciste tú. Lo que no le llevaste fue la gelatina porque se la comieron tú y tu hermano, y después le estuviste dando de comer en la boca y te enojabas porque Alejandrito comía de lo que le dimos a tu papá.

13 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Esta madrugada, antes de entrar a la recámara, tocaste dos veces la puerta.

Haces tantos cariños a la niña que cualquier persona que te viera sentiría esta gran ternura como la que en mí inspiras.

La señorita Alicia hizo ensalada, y no la quieres así, sólo que le pongan más chile.

Le preguntaste a tu papá cómo sigue, en realidad muestras interés por su salud, ya que varias veces te decimos que vayas a jugar y no lo quieres hacer por estar con él.

Como no te separas ni un momento de tu papá, tuve que inyectarlo enfrente de ti y otra vez te enojaste porque lo hice, pero parece que comprendiste después que es necesario.

Al ver ya todo listo para llevarle de comer a tu papá, quieres llevarle tú, pero sólo t dejé que me ayudaras. Después, al ver que le iba a dar medicina, también te adelantaste a dársela; tienes tanto empeño en ser útil, que no has tenido un solo momento de descanso.

Cuánto esfuerzo tuve que hacer para que accedieras salir un momento, los llevé a caminar, y lo que hiciste fue tirar piedras al camino y, en un descuido, te regresaste con tu papá.

Me dio mucho gusto que quisieras ir a Abasolo, para que te distraigas un poco, y de regreso repartiste gelatinas a todos, a tu papá le diste una, en la cuna, otra para tu hermanita, a Alex también le diste una, y a mí; lo más hermoso fue que les quitaste la tapita a todas y nadie se las comió.

Nos platicaste que compraste plastilina, pero la olvidaste en la camioneta de tío Daniel.

Te acostaste con tu papá, pero no te dejé, porque después tenía que cargarte y estás muy pesado, y con qué docilidad obedeciste y te despediste de tu papá y te fuiste a dormir.

12 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Algunas ocasiones que abres la puerta de la recámara (en la madrugada) me he sobresaltado tanto que mi susto dura un tiempo considerable, por eso te pedí que tocaras en lo sucesivo, y hoy me sorprendió gratamente escuchar ese débil toquido que con tanto, tanto amor recibió mi corazón.

Al ver que iba a inyectar a tu papá, te molestaste mucho y dijiste que no lo inyectara, por lo que te pedimos que te salieras, pensando que ya no me dirías nada, y al ver que estaba a punto de inyectarlo me ibas a quitar la jeringa pero rápidamente la retiré y te dije otra vez que te salieras y te pusiste a llorar, entonces te explicamos que el doctor se las dio para que se aliviara y dijiste que entonces le pusiera una únicamente (porque son cuatro diarias). Lo que hice después fue inyectarlo cuando ya no estabas con él.

Llegaste de afuera y me dijiste que estabas lavando unos trapitos con la señorita Alicia, y que lo habías hecho porque el señor ya no estaba soldando.

Fuimos a cortar flores al jardín y parecías tan satisfecho al verlas en la recámara que dijiste —mire qué contento y qué lindo se ve Diosito y toda la recámara con las flores.

Tu papá fue a Abasolo y te llevó, venías muy contento.

Desde que te enseñé cómo se hacen los bisteces empanizados quieres que hagamos, como ocurrió esta noche.

11 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Qué gracia nos causó tu comentario de esta mañana, y más por la serenidad con que hablaste. Te llamamos a desayunar y dijiste —me gusta el agua, las uvas, el jabón, la carretera e ir a Abasolo, pero la comida no me gusta. Lo raro fue que dijiste eso y al estar comiendo lo hiciste tan rápido y comiste mucho que volviste el estomaguito, después tomaste té de manzanilla.

Por la tarde, pensé que no comerías, pero sí comiste bistek a pesar de que dices que no te gusta. Fuiste a Abasolo con papá y regresaste muy contento.

Me pediste que te diera a la niña para que la cargaras y le cantaste «A la ro, ro, niña». Después, tal vez por temor a lastimarla, me la diste, pero antes le diste un besito.

Desde que nació tu hermanita te he pedido que levantes del suelo objetos, porque yo no podía hacerlo, y hoy me dijiste que por qué ya me agacho, te contesté que ya lo puedo hacer porque ya estoy bien, gracias a Dios.

Observé en ti tal entusiasmo por jugar a leer que hasta hoy renació en mí la completa convicción de que saldremos avantes de esta empresa.

10 de octubre de 1979

Tres años de edad.

De vez en cuando sigues contestándome mal, fue por ello que no te llevamos a Abasolo, sabiendo cómo te agrada ir, pero me sentí muy triste de no haberlo hecho; al llegar, parecías muy contento.

Estuviste jugando en la arena.

Pensando que hicieras alguna travesura a la niña, fuimos a la recámara y nos dio mucha alegría al ver con qué delicadeza jugabas con ella y cómo ella te observaba con tanto interés que se advertía en sus ojitos.

Me ha pedido tu papá que cuide que no se salgan porque es peligroso que se acerquen a donde están soldando, y una ocasión te vi precisamente donde lo estaban haciendo, y me asusté al verte allí y que en ese momento estaban soldando, por lo que te grité, haciendo que te asustaras, y al llegar me causó ternura y tristeza que me dijeras que tú querías ayudarle a la señorita Alicia a lavar los trastes; perdóname, chiquito lindo, por haberte asustado.

Estaba cosiendo con hilo de color y te empeñabas en que le pusiera hilo blanco, y en forma enérgica te dije que para qué le ponía si no lo iba a ocupar, y muy triste me dijiste —mamá, no que sí me quería? Me desconcertó tu reacción, a la vez que desapareció mi enojo momentáneo para decirte que te quiero demasiado. Viste después que me estaba comiendo un taco y me dijiste que dónde estaba, y al contestarte que me lo había comido dijiste —si ya le iba a traer la sal. Te la había pedido momentos atrás para ponerle.

Vino mi mamá, y como le gusta mucho ir a caminar, para sorpresa de todos dijiste que tú también querías ir y rápidamente te arreglamos y te fuiste corriendo a alcanzarla (fue raro que quisieras ir, porque cuando no te acompaña tu papá o yo, prefieres no hacerlo). De regreso, me dijiste —mamá, no fuimos hasta El Pitayo porque había muchos moscos, mire mi frentecita. Y te alzaste el pelo para que viera dónde te picaron los moscos.

Fuiste conmigo al baño y te lavaste tu boquita.

Me sentí triste porque no rezamos, ya que al entrar a la recámara, ya estabas dormido.

9 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Cuando termino de bañar la niña, se llevan el agua para el baño; y hoy que terminé de vestir a tu hermanita, fui al baño, y ya te habías bañado tú solo, y aunque no lo hiciste muy bien, al menos la tierra te quitaste.

Qué bien leíste hoy, y cuántos cuentos de tan hermosa fantasía me has dicho. Tienes demasiada inteligencia que permite proyectar con tanta claridad esos cuentos.

La señora del señor Félix te pidió unos botes que vio en el jardín, para poner unas plantas, y me di cuenta cuando te vi con el bote del aceite de oliva y una planta, y te pregunté qué ibas a hacer con eso, y me dijiste que la señora te los había pedido y fui a preguntarle y me dijo qué quería.

Casi es seguro que fue idea tuya que se bañaran tú y tu hermano, porque ya cuando vimos, se habían metido en la tina, y en lugar de observarse jabón, había lodo, por haber jugado como siempre lo hacen, en la arena.

Me dio gusto que viniera el señor que vende refrescos cada ocho días, porque ayer no encontré ninguno para darte; tú mismo compraste algunos, y cuando llegó tu papá le dijiste que le habías comprado refrescos.

8 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Había flores en el comedor y las llevaste sobre la televisión, enfrente del cuadro del Divino Maestro, y me llamaste y dijiste, —mire qué contento está Diosito porque le traje flores. Y en un momento, también yo estaba feliz, ya que después, una contestación tuya fue la que me hizo sentir infinitamente triste.

He tratado de encontrar la verdad a la tu falta de respeto para conmigo, y sólo descubro en mí falta de cariño hacia ti, y con toda el alma, le ruego a Dios, me lleve al camino de ese corazón inocente, para llevarle todo el amor que no había llegado por haber estado tan enferma.

Me pediste que fuéramos a caminar y al hacerlo me sentí feliz porque encuentro de momento la solución al problema de tu agresividad en dedicarte más tiempo y tratar de que seamos verdaderos amigos.

En la pileta de las vacas había un refresco, y Luz, la niña del señor Félix, te dijo que te lo llevaras, y no dudaste en tomarlo; sólo que al verte, te expliqué que eso no se hace, ya que alguna persona lo dejó ahí para tomárselo después, y que al buscarlo y no encontrarlo, se pondría muy triste; además, si había refrescos adentro de la alacena, te daría uno, y obedeciste enseguida de llevar el refresco a su lugar, pero en la casa no hubo refrescos, por lo que buscaste unos envases para que tu papá te comprara, pero no fue posible que lo hiciera.

7 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Qué docilidad para dejarte arreglar, porque ibas a desayunar, después a arreglarte y enseguida regresaste a seguir desayunando. Por eso me siento muy triste al ver que en la santa misa, donde tu comportamiento debe ser excelente, ocurrió lo contrario. Con discreción, tu papá y yo te llamábamos la atención, pero fue inútil; tanto llamaste la atención, que en el momento de dar la paz, el padre Benjamín Espinoza te dijo que te portaras bien.

Iba a ir tu papá a Abasolo, pero para que adquieras un poco de conciencia y un mejor comportamiento, no fue para no llevarte (como sanción a lo que acabas de hacer) y te recordó que hace una semana te pegó porque ocurrió lo mismo que hoy, y como actuaste de igual manera también decidió en castigarte con no llevarte un tiempo a la santa misa porque distraes a los demás.

No comprendo por qué tiene que ocurrir así; por qué, ya que regresamos, otra vez te portas bien. Al llegar, comenzaste a iluminar; después, viste en la televisión lo relacionado con la visita del Santo Papa a Washington, y cuánto interés tenías en verlo que ibas a donde yo estaba y hacías comentarios de lo que él hacía; otras ocasiones, me llamabas para ver paisajes muy bonitos y lugares que visitaba el Santo Papa. Me preguntaste qué lugar es y te dije que Estados Unidos, y me expresaste tu deseo de ir. También me dices que si así de bonito era el lugar donde nos casamos tu papá y yo y te contesté que sí, que algún día, primero Dios, te llevaremos.

Te pedí que en un momento más me despertaras, que sólo me dormiría diez minutos, y enseguida me hablaste. Me decías —usted me dijo que nomás se iba a dormir un ratito y ya es ese ratito.

Fuiste a pedirle tortillas a la señora del señor Félix y te comenté que te había dado muchas y dijiste que no, que le habían quedado más.

Me viste tejiendo y dijiste —qué bonita colchita está haciendo, ¿es para la cuna de la niña? Te dije que sí.

Ojalá nunca vuelvas a hacer la travesurita de ponerle tu boquita a la niña, dices que le estabas dando de comer.

Fueron con tu papá a darle de comer a los animales.

6 de octubre de 1979

Tres años de edad.

Estuvimos con tu papá en el jardín y cortaron guayabas, y las plantas te llamaban mucho la atención.

Alejandrito, de tanto insistir para que tu papá lo llevara a Abasolo, logró que lo subiera a la camioneta, y como era de esperarse, hiciste lo mismo, y tuvo que llevarte también.

Fuimos a comer a la casa de mi compadre Juan y comiste arroz solamente, después me pediste dinero para comprar una paleta (al probar la que tú papá le compró a tu hermano, ya no querías la tuya, pero sí te la comiste).

Cuando fuimos a Abasolo por el mandado, me acompañaste a comprar, y cuánto me ayudaste. Sabes ya que es lo que compro y hasta me recordabas qué se me olvidaba traer.

Después, en la caseta telefónica, me dijiste que ya tenías sueño, por lo que no querías acompañar a la señorita Alicia a comprar unas cosas, pero aceptaste ir al decirle que te comprara un cuaderno.

Estuviste viendo las fotografías recientes que les tomamos a ustedes y a sus primos; y como te quedaste dormido, hasta las manchaste de gelatina.

5 de octubre de 1979

Tres años de edad.

He estado tan nerviosa que es por ello que no he tenido oportunidad, en mi poco entendimiento, de decidirme a escribir siquiera una palabra; y este día, aunque sea tan mal como siempre, te digo un poco de lo que este día hiciste.

Te levantaste muy tarde y no me quisiste saludar, pero consideré que lo hiciste al ver tu carita risueña y ver tu boquita qué bonita la hiciste.

Tal vez se deba a tanto que dormiste que no quisiste desayunar.

Estuviste mucho tiempo con tu papá en el tractor y caminando, y al regresar dijiste que estabas trabajando con tu papá.

Comimos mole en la casa de la señorita Alicia ayer y hoy quieres de comer otra vez mole, y como no hay, sabiendo que la señora del señor Félix tiene, fueron a conseguir, pero ya no quisiste comer.

Fuimos a leer a la bodega y Alejandro no podía bajarse de las pacas y lo ayudaste a hacerlo. No quisiste venir conmigo en ese momento a la casa porque querías jugar. Después te pedí que fueras a ver a tu papá para saber si iríamos a la santa misa y no fuiste.

Me contaste un cuento que inventaste en tu fantasía «de una tacita y el vasito [?] que*

Cuando estaba jugando contigo, te lastimé un piecito y me platicaste que Alejandro te machucó, que tenías tu pie cerca de la puerta y él la cerró y te machucó.

Me preguntaste que si iba a doblar ropa que tenía de la niña y te dije que sí; entonces me dijiste que tú la ibas a doblar (y qué bien lo hiciste). Con qué gracia la doblas.

Me platicaste de unas tías que tienes y me dijiste que por qué no lo llevaban a verlas. Estabas tan contento que tú mismo me pediste que rezáramos. No quería que te durmieras porque he estado muy nerviosa, pero gracias a Dios ya me siento mejor, casi bien.

*Inconcluso en el original.