29 de octubre de 1979
Tres años de edad.
Ha llegado el momento tanto tiempo anhelado, y a la vez con tanto temor descubrirlo; porque, si al alcance de mi mano te podía levantar, acariciar, reprender o hasta lastimarte por error, ahora tu necesidad imperiosa por aprender, por alegrarnos con tus triunfos en cada etapa de aprendizaje y que llegues a ser algún día, si el Señor lo permite, un hombrecito preparado y a tal grado cultivado que a nosotros tendrás que enseñarnos tu mundo de sabiduría y sacrificio.
¡Hay, hijito! Que nunca tuviéramos que desprendernos de ese aún frágil cuerpecito a quien otros seres cuidarán e instruirán.
Sufrí tanto al ver las primeras luces de este importantísimo día, que es el primero en el que queda sobre mi corazón angustia y tristeza por irte tan lejos. Ahora, sólo por unas horas, que, sin darnos cuenta, irán en aumento con el transcurso del tiempo, y tal vez muy pronto ya no estés con nosotros.
Rogamos a Dios, amorcito nuestro, que no sea tan vasto el lodo, la maldad y el fango por el que caminarás, que pueda perderse tu inocencia. Que sea, sí, un mundo de tristezas, sinsabores y esfuerzos que tal vez muchas veces ni te tomarán en cuenta, pero esto para que aprendas a valorar lo que Nuestro Señor te dé.