18 de julio de 1980

Cuatro años de edad.

Aún te quedaste dormido cuando fuimos a Pénjamo a que me hagan análisis, y me dio tristeza verlos tan quietos, tan hermosos, y dejarlos tal vez por unas horas.

Cuando regresamos, estabas jugando afuera y fuiste a encontrarnos y a ver qué te habíamos comprado; sólo habíamos traído algunas cosas que hacían falta en la cocina.

Nos dijo tu tía Virginia que no quisiste desayunar y sólo te comiste un pedazo de tamal cuando llegamos.

Te fuiste a jugar con las niñas del Señor Félix; como me siento tan mal, es un gran alivio que te portes bien conmigo como lo has hecho hoy.

Pensábamos ir todos con tu papá a Pénjamo, pero tu hermano no traía ropa y no alcancé a arreglarlo; por lo que sólo tú fuiste con tu papá y tuvo que dejarte en la camioneta con tu tío Luis porque te dormiste.

Eres muy brusco para jugar con tu tía Vicky, por lo que ella prefiere, en ocasiones como hoy, dejar de jugar; no tenía mucho, cuando fuiste y, muy quedito, me dijiste —mamá, dígale a tía Vicky que juegue con nosotros a la comidita. Después de oírte decir que te portarás bien, siguió jugando con ustedes.