13 de agosto de 1980

Cuatro años de edad.

Cuando te compraron tu libro de matemáticas preescolar, no quisiste trabajar en orden en él, por ello hoy te expliqué lo necesario que es que lo hagan en orden, y comenzaste a hacerlo así.

Dormiste solo porque tu hermano se quedó con tu tío Luis.

Hiciste enojar a tu tío Luis porque eres muy brusco para jugar con él, y te dijo que no te va a llevar a traer una tortuga que trajeron del lugar al que compran alfalfa, pero después le dijiste que te disculpe, que ya te vas a portar bien, y te llevó a verla.

También los llevó a los columpios que les hizo tu papá, y al mecerte lo hizo también tu hermano, y como te estorbó hizo que te lastimaras tu espaldita, tienes un raspón muy grande y lloraste.

Jugaron a las escondidas con tu tío Luis, y en ninguna ocasión te escondiste como debes, ya que gritas para que sepan dónde estás o te asomas de tu escondite.

Por mecer a tu hermano en el columpio, a ti te hicieron muy poco y estás triste.

Lo que más te llama la atención últimamente para jugar es hacer casitas con sillas, almohadas, sábanas y cobijitas de la niña.

Fuimos a ver a tu maestra para saber si te va a dar clases otra vez, antes de saber si te aceptarán o no en la escuela, pero no pudo por estar preparando a sus hijos para cuando entren a la escuela; tu papá intervino antes de que se sintiera comprometida la maestra, diciéndole que no se preocupe, que nosotros te seguiremos enseñando en la casa.

Hijito, eres tan pequeño aún que no comprendes el verdadero valor del tiempo, ya que esta noche comenzaste en orden tu libro de matemáticas preescolar, y en breves momentos contestaste dos páginas y te sacaste dos dieces, y cuando llegó tu papá para irnos a la casa y te molestaste porque apagó la luz de la camioneta y tú querías seguir trabajando con tu libro, entonces tu papá te dijo que era necesario dejar sin luz la camioneta y que en la casa podías seguir escribiendo, y aceptaste.

Te enojaste con tu hermano y le pegaste porque no te quiso dar refresco y tu papá te compró otro y platicó que es por este problema que no los quiere llevar a Abasolo, y le pediste perdón a tu hermano y después él te pidió a ti. Ojalá comprendas, amorcito, que debes de portarte lo mejor que puedas.

12 de agosto de 1980

Cuatro años de edad.

Con cuánto interés por hacer sólo cosas de provecho, sentí profunda alegría cuando te observé con tanto interés trabajando en tu libro mágico de ejercicios caligráficos; después me llamaste para que estudiáramos inglés y te aprendiste «Do you speak Spanish?», también el significado en español, y me pediste que te calificara, y como cada página que se va aprendiendo se ilumina una estrellita, hoy fue de la número cinco, y además la iluminaste.

Además leíste una lección del libro que te regaló tu maestra Lupita, Mis primeras letras, por Carmen G. Basurto; la número 10, Los caballitos; y leíste esta porque te gusta leerlas al azar, o sea, la página que abres.

Llegó un coche y, creyendo que es el señor que vende pan los días martes, fuiste con gran alegría a comprar, y al pedirle pan, él te dijo que llevaba productos de limpieza y te regresaste muy triste; también yo la sentí al ver que se reían de ti. No te preocupes, hijito, que estos desengaños siempre nos enseñarán a vivir.

11 de agosto de 1980

Cuatro años de edad.

Qué bien cantaste con nosotros las mañanitas para tu hermanito Alejandro; después le diste su abrazo y le dijiste que le deseas muchas felicidades.

Entraste a la cocina y viste un pastelito tan pequeño e inmediatamente se iluminó tu carita de gran alegría que fuiste rápidamente a buscar a Alejandrito para que lo fuera a ver, también le hablaste a tu papá; y ya que apagó las velitas, subiste también a tu hermanita para que apagara las velitas, y finalmente tú.

Como tu hermanita estaba sin alguien que la cuidara, varias veces la sacaste de la andadera y te llamé la atención, tal vez sin justificación, ya que tu fin es cuidar de ella; perdóname, hijito.

Al ver que están bañando a tu hermano, también fuiste para que te bañen, y en ese momento llegó tu papá con un regalo para tu hermano y fuiste a llamarlo para que lo viera; se lo llevó al baño pero no lo abrió hasta más tarde.

Sin que alguien te diga que te laves las manos para comer, lo hiciste, para satisfacción nuestra; también comiste muy bien.

Te fuiste a jugar en el columpio y estuviste con tu nonna.

Me ayudaste a decorar el pastel de tu hermano y me dio mucha alegría verte tan interesado en ayudarme.

Cuando asistimos a la Santa Misa en la casa de tu tía Martha, no te vimos, por lo que tu papá y yo estábamos preocupados. El padre Genaro (quien celebró la Santa Misa) preguntó por ti y te llamamos, pero no tenías la suficiente confianza como para saludarlo, como él a ti.

Cenaste muy poco y me llamaste para darme la carne de un tamal; no quisiste pastel.

Llamaste a tu papá para que les suba la piñata; tan pequeña está que cuando tu papá se las sube, se caen dulces, y rápidamente los levantas, con peligro de que te pegue quien la rompa, pero tu papá, con energía, te hizo alejarte un poco. Qué contento venías con tus dulces; nos diste uno a cada quien, también a mí. Me siento triste porque lo dejé en la mesa [...] después me enseñaste todos los que ganaste.