Domingo 28 de septiembre de 1980

Cuatro años de edad.

Mi cielo, disculpa que te hayamos evitado la santa alegría de asistir a la santa misa, pero aún estabas durmiendo cuando tu papá decidió que nos fuéramos a la iglesia. Por dejarte durmiendo no me preocupo ya que si despertaras estás en buenas manos, pero sí porque hoy no asistirás a escuchar la santa misa. Cuando regresamos, aún dormías, pero más tarde te llevamos a la placita que está muy cerca; también aprovechamos para que le pongan grasa a tus zapatos, comprar dos macetitas que te gustaron y hablar por teléfono a tu tío Javier (más bien mandarle un recado) para que le avisen que, primero Dios, llegamos mañana.

27 de septiembre de 1980

Cuatro años de edad.

No creí que despertaras, pero después de que nos subimos a la camioneta a las 6:00, nos dijo tu tía Rosita que ella te despertó, diciéndote que vamos a Michoacán. Estuviste una hora despierto, pero después te dormiste; llegando a Huandacareo, tu tía Lucy les dio de desayunar. Comiste muy bien, después fuimos a saludar a mi mamá Virginia y mi papá Melesio*, y estaban muy inquietos, pues sabían que íbamos a los baños en los que les encanta bañarse. Estando allá, te dijo tu tía Lucy que te bañaras con ellas, y aceptaste muy contento. Ya estábamos listos para irnos a la casa de tía Estela, y nos pidieron guayabas y paletas que tu papá con gusto les pagó. Les tomamos una fotografía. Sacaron todos los juguetes de Alberto e Israel, forman varias figuras con ellos, y me los mostraste, pidiendo que te compre unos dados así. También les llamó mucho la atención jugar con el triciclo. Cada momento querías ir con tu tía Virginia a la tienda para comprar dulces.

*Mis bisabuelos maternos.

26 de septiembre de 1980

Cuatro años de edad.

Llevamos a la niña al doctor ya que como sigue enfermita no tenemos otra alternativa, y también para estar más tranquilos. Para ello, esperamos a que salieras de clases, te llevamos de comer y lo hiciste muy bien.

Cuánto interés muestras por aumentar el material que tienes para trabajar, ya que llegando a Irapuato comenzaste a pedir lápices, pero tu papá te dijo que te esperes, por lo que más tarde nos llevó al mercado, donde tu tía Rosita te compró plastilina, tu papá les compró un trompo y dulces.

La plastilina te ayudó a distraerte mucho, ya que las uniste y formaste una sola tira; parecías tan contento de ver tu obra, que contagias con tu alegría.

Después venías estudiando inglés; has descuidado tanto tiempo el inglés que casi la mitad de las palabras has olvidado.

Fuimos a visitar a tu tío Gabriel Zanella pero no estaba, por lo que anduviste con tu papá viendo a los animales. Con tu tío Jorge y Rubén, hermanos de mi compadre Gabriel, estuviste viendo la televisión muy tranquilo.

Regresamos ya muy tarde pero a pesar de ello nos ayudaste a preparar las cosas que llevaremos primero Dios mañana.

25 de septiembre de 1980

Cuatro años de edad.

(cont.)

Sentí gran tranquilidad cuando tu tía Rosita me dijo que hoy te portaste muy bien. Ayer que me explicó en qué consistía tu desobediencia y le dije qué podía hace, o sea, con mucho cariño y ejemplos te explicara por qué debes obedecer, y gracias a Dios está dando resultado.

El último día que estuve en el centro, me diste una sorpresa muy grata. Sabiendo que, primero Dios, será el último día, le dijiste a tu papá que te traiga cuando venga por mí (me informó tu tía Rosita cómo han llorado los dos días anteriores cuando se viene tu papá por mí, una ocasión hasta te fuiste corriendo hasta el camino con la esperanza de que te llevara, y me sentí muy triste); fue por ello que mi alegría no tuvo límite cuando los vi llegar con tu papá. De ti, sentí la esperanza de verte llegar, pero a tu hermano no lo esperaba. Gracias, pequeñitos, muchas gracias por venir.

Sabes una cosa, mi hijito, me da tristeza ver que ya tienen hambre, y con qué rapidez se comieron las papas que les compró tu papá; cuánto se sacrificaron por causa mía.

Me dijeron que se portaron muy bien, dice tu papá que por la ilusión de venir comieron muy bien, y sin que nadie te dijera hiciste tu tarea. Gracias infinitas por ser tan bueno.

A pesar de estar sobre una cama tantas horas, existe un buen recuerdo de hoy, ya que leí el libro de la historia de un niño, la cual relacioné contigo, ya que se trata de un niño muy inteligente que desde una edad temprana, 5 años, mostraba gran interés por el estudio y hacía preguntas increíbles, como las haces tú, a pesar de tu edad. Esto lo comentó su maestro a su padre, y le sugería darle libros adecuados a su edad.

Esto me hizo recordar que Dios nos está guiando sabiamente, ya que hace apenas unos días recibimos tu papá y yo unos libros que encargamos a una editorial de Celaya, quienes se dedican a la edición de libros infantiles.

¿Sabes una cosa, hijito? Si la historia narrada en el libro es una fantasía, tu bendita inteligencia es una realidad. Gracias a Dios has dado a nuestro corazón satisfacciones inauditas, siendo tan pequeño.

25 de septiembre de 1980

Cuatro años de edad.

Nos dijiste que el otro día que habías llorado en la escuela y te preguntamos por qué y nos contestaste que te habías caído pero que no ibas corriendo.

También nos dijiste que un compañero tuyo baila en el salón y que tu maestra ya se dio cuenta de ello y que lo llama a bailar.

Llegaste muy contento una ocasión ya que tu maestra les dijo —Quien no escuche su nombre, me dice, pero cuando se lo dijiste, te pasó lista, y, como los demás niños, te levantaste y dijiste presente.

Otra cosa que me agradó mucho fue que tu maestra les dijo que quien llegue a su salón y que no sea ella, deben de ponerse de pie y saludar.

No quieres que te dé mucha fruta porque les ofreces a las niñas de tu maestra Lupita y no desean.

Te preparé un sandwich y no aceptaste que te lo diera y pediste una fruta para la hora del recreo.

Tu papá, al darse cuenta que en alguna ocasión puedes necesitar dinero, te dio, y nos preguntas que qué puedes comprar, y que ese algo no sea nocivo para tu salud.

Me hicieron análisis que detectaron un problema, por lo que fue un tratamiento bastante estricto el que debo seguir, y lo único triste de ello fue que los descuidé por venir al Centro de Salud de aquí, los días 23, 24 y 25 de septiembre, de los cuales nueve horas diarias pasé en ese lugar.

El primer día, 23, te llevó tu papá a verme y qué sorpresa tan agradable fue para mí ver cómo trabajas.

Después, al llegar por la noche a la casa, qué contraste, me sentí contenta de verlos, sentirlos y platicar con ustedes nuevamente.

Con qué ansia me mostrabas tus libros, que permitió el Señor que iluminaras, y lo que querías que te explicara de otro que tenías duda.

Hace unos días llegaron unos libros titulados «Libros de Oro del Saber» además leyendo, pintando y aprendiendo inglés, que es en los que has trabajado con más entusiasmo. Pero me siento tan débil, cansada y nerviosa, que es infinito el esfuerzo que realizo para mantenerme en pie y forzando un poco de alegría, que rápidamente decae y se termina, haciéndome sentir más desesperada todavía.

Perdóname, amorcito, perdóname por estar así. Quiera nuestro Señor sea para bien de todos este padecimiento que ahora los hace sufrir. Lo que me dio tristeza fue que no obedeces a tu tía Rosita.

El segundo día tuve un pequeño problema, por lo que el goteo del suero fue más lento, y los encontré dormidos. Me sentí muy triste, muy triste; tenía tantos deseos de platicar con ustedes. Desde luego que después de salir de la escuela, te llevó tu papá conmigo y fue en ese momento que me sentí muy mal, pero gracias a Dios se fue superando el problema.

Me ayuda tanto la presencia de ustedes. Desde luego, la del Señor es la más importante para mí.

22 de septiembre de 1980

Cuatro años de edad

Fuimos varias veces a ver a la directora de una escuela en Abasolo para ver si existe la posibilidad de que entres a esa escuela*, y nos decía cada vez que volviéramos después, hasta que tu maestra Lupita nos aconsejó ver directamente a maestros que fueran a tener primer año, y visitamos a dos de ellas, y como la primera que vimos (llamada Celia) aceptó, pero el día de inicio de clases sentimos mucha tristeza porque le dieron quinto año, y nos regresamos muy desanimados pues sabíamos que es muy buena y dócil, paciente para tratar a los niños, y no nos quedó otra alternativa que ver a otra maestra que su carácter no era muy apropiado para ti, pero ¿qué hacíamos? Ya que nos hizo varias preguntas, finalmente aceptó, y nuevamente volvió a nosotros la alegría perdida, y comenzaste a ir a la escuela el día nueve de este mes.

Qué contento te quedaste en el salón. Cuando fueron por ti nos platicaste que estuviste jugando con las hijas de tu maestra Lupita, y toda esa semana no te dejaron tarea. Tu papá le preguntó a tu maestra (Modesta) que si te ha dejado y contestó que no, pero sólo el viernes lo hizo, como para poner buen marco a este último día.

Cuando fue tu papá por ti, le dijo la maestra que era último día que estaba con ustedes porque la cambiaron y estaba muy triste.

Al día siguiente, fui con tu papá a llevarte y hablé con la maestra que estabas; le expliqué que la maestra anterior había aceptado que te quedaras y contestó que también con ella te deje, pero no se va a quedar con ustedes.

Nuevamente tenías distinto maestro, al que expliqué tu mismo problema, y dijo que te quedes, que aún no le dicen cuál vaya a ser su grupo. Fueron dos días los que estuviste con él.

Por fin, el día 25 de septiembre, gracias a Dios, para tranquilidad de todos, ya está con ustedes la maestra que se hará cargo del grupo de niños al que perteneces.

Otra gran sorpresa es que también les enseña letra manuscrita, y te digo que es sorpresa, hijito, porque yo pensaba hacerlo.

Dices que es muy buena tu maestra. Un día llegaste diciéndonos que por qué a ti no te pasaban lista, y te explicamos el porqué de ello.

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*Como sólo tenía cuatro años (la edad mínima era de seis para entrar a la escuela primaria), existía un serio problema administrativo. Sólo podía entrar como oyente.