Cuatro años de edad.
Nos dijiste que el otro día que habías llorado en la escuela y te preguntamos por qué y nos contestaste que te habías caído pero que no ibas corriendo.
También nos dijiste que un compañero tuyo baila en el salón y que tu maestra ya se dio cuenta de ello y que lo llama a bailar.
Llegaste muy contento una ocasión ya que tu maestra les dijo —Quien no escuche su nombre, me dice, pero cuando se lo dijiste, te pasó lista, y, como los demás niños, te levantaste y dijiste presente.
Otra cosa que me agradó mucho fue que tu maestra les dijo que quien llegue a su salón y que no sea ella, deben de ponerse de pie y saludar.
No quieres que te dé mucha fruta porque les ofreces a las niñas de tu maestra Lupita y no desean.
Te preparé un sandwich y no aceptaste que te lo diera y pediste una fruta para la hora del recreo.
Tu papá, al darse cuenta que en alguna ocasión puedes necesitar dinero, te dio, y nos preguntas que qué puedes comprar, y que ese algo no sea nocivo para tu salud.
Me hicieron análisis que detectaron un problema, por lo que fue un tratamiento bastante estricto el que debo seguir, y lo único triste de ello fue que los descuidé por venir al Centro de Salud de aquí, los días 23, 24 y 25 de septiembre, de los cuales nueve horas diarias pasé en ese lugar.
El primer día, 23, te llevó tu papá a verme y qué sorpresa tan agradable fue para mí ver cómo trabajas.
Después, al llegar por la noche a la casa, qué contraste, me sentí contenta de verlos, sentirlos y platicar con ustedes nuevamente.
Con qué ansia me mostrabas tus libros, que permitió el Señor que iluminaras, y lo que querías que te explicara de otro que tenías duda.
Hace unos días llegaron unos libros titulados «Libros de Oro del Saber» además leyendo, pintando y aprendiendo inglés, que es en los que has trabajado con más entusiasmo. Pero me siento tan débil, cansada y nerviosa, que es infinito el esfuerzo que realizo para mantenerme en pie y forzando un poco de alegría, que rápidamente decae y se termina, haciéndome sentir más desesperada todavía.
Perdóname, amorcito, perdóname por estar así. Quiera nuestro Señor sea para bien de todos este padecimiento que ahora los hace sufrir. Lo que me dio tristeza fue que no obedeces a tu tía Rosita.
El segundo día tuve un pequeño problema, por lo que el goteo del suero fue más lento, y los encontré dormidos. Me sentí muy triste, muy triste; tenía tantos deseos de platicar con ustedes. Desde luego que después de salir de la escuela, te llevó tu papá conmigo y fue en ese momento que me sentí muy mal, pero gracias a Dios se fue superando el problema.
Me ayuda tanto la presencia de ustedes. Desde luego, la del Señor es la más importante para mí.