6 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Preciosito, en qué poco tiempo nos has causado tantas satisfacciones. Como de costumbre, te pasaste a nuestra cama; al levantarte me ayudaste a preparar de desayunar, y me decías que ya te sirviera, que tenías mucha hambre, y comiste muy bien.

Al ver que tu papá ya se iba a Abasolo, me dijiste que te diera ropita para tu hermano y para ti porque iban a comprar chicles. A cada momento me preguntabas si ya íbamos por tu carrito, y cuando nos lo dieron dijiste que tú te lo llevabas y estuviste rompiéndole a la bolsa para verlo y decías que viera qué bonito se veía, que a qué hora le compraríamos las pilas.

No querías que tu hermano jugara con tu carrito. Después de explicarle a Alejandro que no lo fuera a romper, accediste a prestárselo.

Me extraña un poco tu conducta que siempre que vayamos a caminar quieras que te lleve de la mano.

Estamos contentos porque comiste bien, hasta me pediste tortillas de harina [de trigo] de las que estaba haciendo.

Llegando de Abasolo seguiste iluminando tus cuadernos porque recordaste que tienes muchos por iluminar y quieres que tu papá te compre pronto más.

Hablaste por teléfono con tu abuelita y me dijiste, —Mamá, tú crees que mi abuelita me preguntó que cómo seguía y yo le dije que bien.

Preparaste el carrito que te compró papá, con las pilas, y al verlo caminar y escuchar las sirenas, cuánta alegría experimentaste. Al pedirte que lo alzáramos porque se calentaba del motor, accediste de inmediato comprendiendo que debes de cuidarlo.

Al vernos hacer tortillas de harina [de trigo] nos dijiste que te hiciéramos dos pasteles y guardáramos uno.

Cuando escuchabas ruido de camiones que traían material decías que ya venían las muchachas, que como que sí eran y como que no. Al llegar te pedí que te fueras a jugar, no quisiste ir, y talvez sin darte cuenta qué decíamos, presenciaste la mayor parte de nuestra reunión.

Llegó tu papá y estuviste cenando con él. Ya que se fueron las personas que vinieron, estaba lloviendo y te saliste. Al ver que tu hermano no entraba a la casa contigo dijiste, —¿verdad que van a inyectar a Alejandrito si no se pasa? Y te dijimos que sí.

Se fueron a ver la televisión, y es raro en ti, ya que casi no te llama la atención verla.

Me fui cuando terminé de recoger la cocina a enseñarte la palabra de hoy y me sentí muy triste que no me despedí de ti, ni rezamos.