11 de agosto de 1979

Tres años de edad.

Con qué prontitud has colaborado para tu arreglo, pensando que iremos a Irapuato. Tu papá no pudo ir por tanto trabajo que tiene y tuve que ir en camión. De regreso me sentí muy contenta porque me dijeron que te portaste muy bien, sólo que en ese momento cambió un poco mi entusiasmo ya que no quisiste comer, la hiciste más tarde, lo que me dio más tranquilidad. Claro que hubo un poco de interés a cambio (según tú) de comer muy chulo (así acostumbro a veces decirte, si comes bien te doy o hacemos algo). Sé que hago mal en ofrecerte algo a cambio de que comas y poco a poco espero cambiar esa actitud. Por eso, después de que comiste, pediste los carritos que compramos para repartirlos a los niños en la fiestecita de tu hermano. ¿Sabes para qué los querías? Otra vez dices de vaciarlos y volverlos a llenar de dulces, ahora sí te los dio tu papá.

Cuando observaste que le puse a tu hermano shampoo, pediste que también a ti te pusiera para que saliera brillosito tu pelo en las fotografías. Qué lindo te ves así como te arreglaron.

Cómo te desespera ver la puerta que conduce a la terraza que están arreglando con globos porque quieres ir a ayudar, después te conformaste al ver que íbamos a Abasolo.

Todo lo que te llama la atención quieres que te compre, y tal vez sea la primera vez que no lo hago, tratando de que comprendas que dentro de unos momentos comerás con tu hermano y los niños.

Las velitas que compramos para el pastel hicieron que un poco te olvidaras de que te comprara algo, y mencionabas mucho que dónde iban las velitas, que cuántas encenderíamos y venías muy contento con ellas.

Ya te venías durmiendo y tratamos de evitarlo diciéndote que ya íbamos a llegar y que ya haríamos la fiesta de tu hermano.

Disfrutaste verdaderamente de la alegría que nos embargaba a todos. Ya que íbamos a cenar, no tenías lugar en la mesa y busqué un lugar vacío y estuviste comiendo bien.

En casi todas las fotografías querías salir también tú. Cuando estaban quebrando la piñata no quisiste pegarle, dijiste que en tu cumpleaños sí la ibas a quebrar tú.

Igual que a tu hermano, les causó incalculable alegría jugar con el confeti.

Ya que se fueron todos de la tabla en que colgaron la piñata, ataste el lazo con pedazos aún sin quebrar y con tu hermano terminaste de hacerlo.

(Nota fuera de los márgenes de la página: 2-oct. el santo padre Juan Pablo II visitará N. York)